Cultura

Contención y educación, las claves de Japón para vencer al coronavirus

Contención y educación, las claves de Japón para vencer al coronavirus

Por BEN DOOLEY 
y MAKIKO INOUE 

TOKIO — Mientras el mundo trata de encontrarle la vuelta  al coronavirus y salir de confinamientos paralizantes, los funcionarios de salud pública han repetido un mantra: “pruebas, pruebas, pruebas”.

Sin embargo, Japón hizo las cosas a su manera, al limitar las pruebas a sólo los casos más severos mientras que otros países se apresuraban a aplicar pruebas a la mayor cantidad de gente posible. A los expertos médicos les preocupaba que esa estrategia permitiera que los casos se dispararan y saturaran hospitales.

No ha sido así. Japón —el país con la población de mayor edad promedio del mundo y un destino turístico popular con ciudades grandes y abarrotadas— tiene uno de los índices de mortalidad más bajos de Covid-19 entre las naciones importantes.

Japón ha limitado las pruebas de coronavirus a sólo casos más graves (Philip Fong/Agence France-Presse — Getty Images).

Japón ha limitado las pruebas de coronavirus a sólo casos más graves (Philip Fong/Agence France-Presse — Getty Images).

El Primer Ministro Shinzo Abe acaba de declarar que la batalla de Japón contra el brote fue un éxito, levantando un estado de emergencia que duró sólo un mes y medio.

“Al hacer las cosas de una singular forma japonesa, logramos poner fin casi por completo a esta ola de infección”, dijo Abe, al agregar que lo que llamó el “modelo japonés” ofrecía un camino para salir de la pandemia.

Japón se ha enfocado en contener brotes pequeños mediante el rastreo de contactos. En vez de ordenar restricciones a la vida cotidiana, se ha enfocado en educar a la gente respecto a medidas como el distanciamiento social.

Las teorías respecto a la mortalidad relativamente baja del país van desde atributos culturales —uso generalizado de barbijos, la práctica de lavarse regularmente las manos y la ausencia casi total de saludos como abrazos y apretones de manos— hasta simple suerte.

Japón nunca llegó a utilizar siquiera la mitad de su capacidad de aplicación de pruebas en un día, y ha aumentado su capacidad a más de 24 mil pruebas diarias. A pesar de la aplicación limitada de pruebas para detectar el virus, la tasa de resultados positivos ha caído por debajo del 1 por ciento, y el país ha registrado menos de 900 muertes.

Sin embargo, a medida que se dan a conocer más datos sobre las defunciones de este año —hay señales de que Tokio no ha contabilizado docenas de muertes por coronavirus— el panorama podría no lucir tan positivo.

Shigeru Omi, codirector del panel gubernamental de expertos sobre el coronavirus, dijo a legisladores que la cifra real de contagios podría ser hasta 10 o 20 veces más alta de la que actualmente se creía. Japón ha reportado menos de 17 mil casos, comparado con más de 1.8 millones en EE.UU..

En febrero, expertos en salud utilizaron datos de un brote en un crucero para desarrollar un marco para detener la propagación del virus en Japón. La estrategia enfatizaba reducir la exposición de la gente a las condiciones que llevaron a la difusión del patógeno. Una campaña pública de concientización exhortó al público a evitar espacios cerrados, lugares abarrotados y contacto cercano. Al mismo tiempo, algunos centros de salud comunitarios se apresuraron a investigar grupos de brotes.

Otro factor clave podría haber sido la decisión de Abe de cerrar las escuelas a fines de febrero, mucho antes que casi cualquier otro país.

En abril, a medida que empezaron a aumentar los casos, Abe declaró un estado de emergencia. Se solicitó a los negocios cerrar o reducir sus horarios. Se pidió a la gente que sólo hiciera salidas necesarias. No hubo sanciones, pero muchos acataron de todas formas.

Makoto Sasho, de 50 años, decidió cerrar su restaurante de anguila a la parrilla en el barrio Meguro de Tokio y enfocarse en entregas y pedidos para llevar, pese a las garantías del gobierno de que negocios como el suyo podían continuar el servicio de comedor.

Mientras Japón ahora empieza a reabrir, algunos expertos temen que la gente empiece a bajar la guardia.

Sasho dijo que sus clientes clamaban por que reabriera, pero no estaba seguro de estar listo.

© 2020 The New York Times