Cultura

Cuarentena por coronavirus: "Anagramas", de Lorrie Moore: el humor como consuelo y revancha

Cuarentena por coronavirus:

Benna Carpenter es viuda, trabaja en un club nocturno y rehuye de su vecino Gerard -músico-, que la ama. Benna es profesora de aerobics de adultos mayores porque la falta de disciplina no le permitió convertirse en la bailarina profesional que soñaba ser. Benna tiene un bulto en el pecho. Gerard es, en otras de estas historias, su marido, su amante, su amigo. Y puede unirlos a ambos, además del amor, el desprecio, la casualidad o el hastío.

Así como a Eleanor -el tercer personaje de estas historias posibles-, es la amiga leal, la imaginaria o la tercera en discordia, según el caso: confidente o traidora. Es que en ésta, su primera novela, Lorrie Moore desafía esa linealidad que la vida real nos impone a los mortales y juega a inventarles cinco destinos muy distintos a sus personajes de ficción en Anagramas (1986), que reedita Eterna Cadencia con traducción de Cecilia Pavón.

Del mismo modo que un anagrama combina las letras para variar el sentido, las historias que aquí protagonizan Benna y Gerard los llevan a ser otros, de acuerdo a lo que les toca en suerte y también eligen. Y las combinaciones son múltiples.  

La autora estadounidense, que visitó el país el año pasado en el marco del Filba en 2019 -entonces se reeditaba otra novela suya, ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas?- nos recuerda al mismo tiempo que el humor también es una suerte de anagrama de la tristeza: un truco que con sus mismos elementos provoca reacciones de alegría y estupor.

Hay temas que reaparecen en cada una de esas historias, así como algunos personajes: la soledad y la desconexión entre las personas en las grandes ciudades (e, incluso, en la vida en pareja), la imposibilidad de tener hijos, la histeria, la persecución del amor (“¿Puedes ver que estoy tratando de ser feliz?”, dice Benna). Pero sobre todo reaparece el humor, un humor corrosivo, que atraviesa esas vidas como una forma de consuelo y de revancha.        

 ​"En inglés, decimos: 'Tragedia + tiempo = comedia' -explica ella-. Pero el humor es también un cambio en el sentido del énfasis. Se puede tomar una historia triste y convertirla en graciosa con un par de retoques. Más un poco de tiempo”.

"El humor es la prueba de que sobreviviste a lo que te toca", decía ella misma a Clarín, cuando visitó el país en el marco del Festival Filba. Sus personajes se ven a veces atravesados por las tragedias cotidianas, pero están capacitados para reírse de ellos mismos con inteligencia: "Al menos se había confirmado: mi vida era tan complicada como me lo imaginaba", dispara su protagonista femenina, que en uno de estos relatos o capítulos juega a construir anagramas en los bares. El humor les sirve por momentos como un escudo protector.

Moore. Sus personajes son a la vez frágiles y filosos en sus observaciones / Lucia Merle

Moore. Sus personajes son a la vez frágiles y filosos en sus observaciones / Lucia Merle

Hay también una pátina melancólica que envuelve a estos seres al mismo tiempo frágiles y filosos en su ingenio. En el fondo, sus personajes  se aferran a la belleza de estar acompañándose de algún modo (Siempre quise envejecer junto a alguien, estar con alguien a lo largo de toda la vida, acostarnos juntos bajo una frazada eléctrica durante el día y comparar nuestras operaciones”, asume Benna. O: "Tenían, finalmente, la única cosa que todo el mundo quiere en la vida; alguien que te tome de la mano cuando mueras.")

La literatura y la poesía, también son un tema que la autora traslada a sus personajes: "¿Sabes de que se trata la poesía? -dijo Eleanor-. De la imposibilidad del amor sexual. Los poetas, finalmente, no desean genitales, ni propios ni ajenos."

Así como recurre en la reflexión sobre la amistad entre mujeres, una forma de complicidad que conoce bien y que despliega en acciones y diálogos cargados de gracia, en otras de sus obras:

-Eleanor encendió un Viceroy-. Y de todas formas, ¿por qué se espera que estemos con hombres? Siento que alguna vez lo supe.

-Los necesitamos por sus destornilladores con punta Philips- dije-. Eleanor elevó las cejas. 

Anagramas se compone de cinco historias que, en definitiva, funcionan como un laberinto de espejos que a la vez son una misma visión sobre este intento desesperado por despertar y acompañarnos, mientras la vida -que es demasiado corta- pasa frente a nuestros propios ojos perplejos.