Cultura

Decepcionó el policial local "La corazonada"

Decepcionó el policial local

Se vio el jueves la primera película argentina original de Netflix, “La corazonada”, inspirada en el libro de Florencia Etcheves “La virgen de tus ojos”, para la que se buscaron excelentes actores de teatro como Joaquín Furriel, Rafael Ferro, Silvia Villazur o Miriam Odorico, una figura convocante como Luisana Lopilato y, entre otros, Maite Lanata, quien había saltado a la fama por su papel de hija autista de Pablo Echarri en “El elegido”.

La dirección de Alejandro Montiel es correcta sobre todo en la factura técnica, a tono con los standars de calidad que exige la plataforma, pero el resultado se adocena con falencias en varios aspectos.

La historia se centra en Pipa (Lopilato), quien recién salida de la academia de policía tiene la misión de resolver el violento asesinato de una joven de 19 años que tiene como principal sospechosa a su mejor amiga. Lopilato vuelve a encarnar el mismo personaje que en la precuela de este film, “Perdida”, y trabaja junto a un experimentado y perturbado detective, Joaquín Furriel, quien se enfrenta con el fiscal que encarna Ferro. Además de la investigación central, Ferro solicita a Lopilato que espíe a su jefe Furriel, sospechado de matar al asesino de su esposa. Si bien la trama de esta doble investigación es atractiva, hay algo en los diálogos explicativos, carencia de matices o sutilezas en los personajes, e insistentes vuelcos en la historia, que terminan por agobiar. Un giro, dos o más no están mal, pero tantos alejan al espectador y le recuerdan que quieren hacerle creer que el sospechoso es tal para luego mostrarle que era otro. El rulo del rulo se torna demasiado abusivo .

Furriel, Ferro y Villazur dotan a sus personajes de algo de carnadura (al igual que la buena actriz Odorico, aunque aparezca en unos pocos planos). Lopilato en cambio no convence como la policía legalista, tan entusiasta como la agente Judy Hopps de “Zootopia”. No basta con despeinarla, mostrarla a cara lavada o con ropa negra para “comprar” su interpretación. Y para que Lanata sea creíble como la mejor amiga sospechosa no es suficiente con sólo con primeros planos de su rostro pálido, al borde de la lágrima, que tan bien funcionaban en TV. El film peca de explicativo, ponen todo en boca de los personajes para que el televidente “comprenda”, pero eso los vuelve marionetas con hilos demasiado visibles. Tal como cuando el público advierte las intenciones del tramoyista y se desvanece la magia a la que invita una buena historia.