Cultura

Feria del Libro 2019: ¿fiesta o trauma?

Feria del Libro 2019: ¿fiesta o trauma?

¿La inauguración de la Feria del Libro, el próximo jueves, nos deparará otra tormenta perfecta? No es exagerado afirmar que la apertura de la Feria en 2018 fue traumática para los presentes; o digamos, mejor, para la mitad más uno. Entre los oradores, como cada año, se encontraban los ministros de Cultura nacional y de la Ciudad, que quedaron apiñados al pie del escenario –preguntándose quizá por la salida de incendio–, mientras desde el fondo del salón, en la zona destinada al público, una cincuentena de asistentes munidos de carteles (a quienes habíamos visto entrar con todas sus pancartas sin necesidad de estrategia; “vienen de otra marcha”, nos dijeron sin ironía en la puerta) lanzaban su propio acto. El motivo de la protesta fue el anuncio del dudoso proyecto oficial UNICABA, de cierre de los profesorados, un reclamo válido pero vinculado al libro de manera muy indirecta. Durante el desmadre, las autoridades de la Feria distaban de lucir afligidas; más bien parecían comprobar el regreso cíclico de la retórica violenta como algo inevitable. El vuelco solo pudo ser aprovechado con valentía por la escritora Claudia Piñeiro: vistiendo un tapado verde, no logró callar a los manifestantes, pero mostró el pañuelo en reclamo por la legalización del aborto. También había terminado mal la inauguración de 2016, con el repudio al designado nuevo director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel. Siempre suenan alucinantes las justificaciones, como pretender interpretar una tradición de rebeldía y de una libertad de expresión sin concesiones (lo sostiene hoy la nueva directora de la Feria, María Teresa Carbano) en lo que el público solo ve como espíritu faccioso. No estamos ante la inevitable dinámica de la presión política democrática, sino ante la parte autodestructiva de un impulso infantil incorregible. ¿Aprenderemos esta vuelta? Hace alrededor de un mes, las dos carteras de Cultura habrían exigido garantías de que se controlará la entrada al predio como condición para la asistencia de los funcionarios. Esta vez la invitación exige el registro previo.

En los pasillos. La Feria siempre convoca. / Archivo, Juan Manuel Foglia.

En los pasillos. La Feria siempre convoca. / Archivo, Juan Manuel Foglia.

En 2019, el espíritu opositor de los últimos años tiene el condimento abiertamente partidario. Fue evidente desde fines de 2018, cuando circuló fuerte que la Feria quería al ex director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, un convencido defensor del kirchnerismo, para el discurso de apertura. A fines de febrero lo repetía al aire Oche Califa, director de la Fundación El Libro, en el programa radial De buena fuente, que conduce Susana Reinoso. Finalmente, esa voluntad no prosperó.

La confrontación no se limita al paño local. Es claro que España lleva dos décadas desarrollando políticas específicas del idioma en el mundo entero y, en estos años de insumisión catalana, ha convertido la lengua en prenda de una unión resistida … En este sentido, la elección de Barcelona como Ciudad Invitada de Honor no fue fortuita. La Feria llega un mes después de que en Córdoba se celebrara el Congreso de la Lengua Española, con la primera visita de Estado del rey Felipe VI. El Instituto Cervantes hizo una apuesta irritante al encargar la apertura a Carme Riera, gran narradora y académica de la RAE, de origen mallorquín y con obra original en los dos idiomas. La posición de Riera –reclamar su derecho a emplear el catalán y el castellano, sintiéndose a gusto y a la vez una forastera en ambos–, en verdad, es bastante clásica de los intelectuales de esa región en la segunda mitad del siglo XX; de hecho, ella recibió premios españoles pero también el de la Fundación Ramón Llull en los años 80, cuando el antagonismo independentista ni se insinuaba. Catalunya aportó no solo autores sino también grandes editores y agentes literarios al libro en castellano –y cuánto más fácil era todo cuando nuestra lengua se llamaba así, antes de convertirse en atributo de una nación. Imposible no resentir esa pátina imperial del “español” …

Por otra parte, las autoridades barcelonesas (y el Instituto Llull, que en rigor depende de la gobernación o Generalitat, un bastión de los partidos separatistas) no lograron convencer de viajar a Buenos Aires a las principales figuras literarias de la ciudad por una cantidad de motivos. Integran la presente comitiva autores de los llamados “países catalanes”, es decir, hablantes de lenguas también evolucionadas del provenzal, como las de Valencia, las islas Baleares y Andorra. La afortunada inclusión de autores residentes en la capital catalana pero que escriben en castellano, incluidos los argentinos Edgardo Dobry y Silvana Vogt, ha diluido el pronóstico de un teatro de proclamas “indepe”, quitándole pólvora al encuentro en favor del disenso en diálogo. En Barcelona hay elecciones este 26 de mayo, y en esta España revuelta, el domingo próximo. Además de las nuestras.