Cultura

Juan Sasturain: "En Latinoamérica no podemos hacer coincidir la ley con la justicia"

Juan Sasturain:

Con varias antologías a cuestas y un tránsito desacartonado como escritor del género, el narrador Juan Sasturain encara bajo el título El crimen paga una selección de veinte relatos que dan cuenta de las dos tradiciones más sólidas -la estadounidense y la británica- a través de autores como Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Jack London, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle, Ambrose Bierce, Agatha Christie, Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

Pero Juan Sasturain conoce con afán enciclopédico el devenir del género en la literatura argentina, donde a partir de escritores como Ricardo Piglia, Antonio Dal Masetto u Osvaldo Soriano es posible trazar una genealogía dotada de señas particulares que la distinguen de la tradición europea, como la dificultad para hacer coincidir la verdad con la justicia y la corrupción de la autoridad policial.

Narradores. Jorge Fernández Díaz y Juan Sasturain, en el Premio Clarín Novela 2014.

Narradores. Jorge Fernández Díaz y Juan Sasturain, en el Premio Clarín Novela 2014.

-¿En qué medida el policial argentino se desmarca de las tradiciones del género, en tanto casi no tiene detectives -un rareza respecto al canon- y a su vez está tan atravesado por la política?

-Nuestra generación, es decir, los que empezamos a publicar a fines de los 70 y comienzo de los 80, desde Ricardo Piglia hasta Elvio Gandolfo, Osvaldo Soriano, Antonio Dal Masetto, José Pablo Feinmann, Mempo Giardinelli, Guillermo Saccomanno, yo... todos arrancamos o pasamos por el policial, un policial muy marcado por la serie negra norteamericana. Dicho de una manera muy gruesa, nosotros usamos el policial porque encarna una forma crítica del realismo urbano que nos servía para contar lo que estaba pasando. Algunos lo hicimos de una manera paródica utilizando por ejemplo un detective jubilado -casi un personaje cervantino que quiere vivir lo que leyó-, otros como Osvaldo (Soriano) haciéndole un homenaje a Marlowe con su Triste, solitario y final y otros escribiendo de acuerdo a la estructura más clásica. Como sostiene Carlos Gamerro, hay un lugar común del policial latinoamericano contemporáneo: siempre terminan mal, la policía es corrupta, etc... En el occidente europeo las instituciones funcionan, por lo menos en la literatura. Allí la ley existe y es confiable más allá de que haya conflictos. En Latinoamérica, en cambio, partimos del hecho de que no podemos hacer coincidir la ley con la justicia.

Lo notable es que no es un fenómeno nuevo: uno lee novelas casi emblemáticas de los años 20 o 30 como El enigma de la calle Arcos o El crimen de la noche de bodas de Jacinto Amenabar, donde la conclusión es que no se puede llegar al fondo de un crimen porque la justicia está entongada con la oligarquía. Eso demuestra cómo el policial de la región tiene matices que ya se vislumbran desde el comienzo.

- ¿Por qué cree que el género ha tenido tanto peso sobre los lectores y escritores argentinos?

- Es un género en el que la forma y la estructura son muy importantes. Entre los fundamentos por los cuales a partir de la década del 40, Borges y Bioy dedicaron una colección de Emecé a un género por entonces considerado menor como el policial, es que era el último reducto del relato en sí y estaba llamado a construir una buena historia. En esos tiempos la novela decimonónica ya había sido saludablemente destrozada por Joyce, por Kafka, por Huxley, por Virginia Woolf...

¿Qué quedaba de contar una historia? La historia era por entonces un pretexto para otra cosa: por ejemplo para una experimentación lingüística o para describir el fluir de la conciencia. El policial era el último reducto donde todavía funcionaba el interés por la historia. El gesto de Borges y de Bioy de dedicarse a publicar policiales se puede leer entonces como reaccionario: reacciona contra la modernidad y la deformidad de la novela. El policial es el lugar de la forma, aquello que reivindica el valor del cuento.

Télam