Cultura

"La lavandería", en Netflix: Nada por aquí, pero todo por allá

Mezclando ficción y datos verídicos, aunque se aclare que la película está “Basada en secretos reales”, La lavandería aborda las actividades de la economía financiera offshore y en particular lo que fue el enorme escándalo conocido como los Panamá Papers, en un tono de comedia socarrona.

Steven Soderbergh prefirió el tono de sátira para su película, que producida por Netflix no se estrenará en salas comerciales en la Argentina y que compitió en el reciente Festival de Venecia, donde se premió a Guasón con el León de Oro.

Todo comienza con una serie de eventos ciertamente desafortunados.

La parte de ficción está protagonizada por Ellen, una Meryl Streep camaleónica. Está junto a su esposo (James Cromwell) en un crucerito cuando una ola hace que la embarcación tenga una vuelta de campana, y Ellen se quede viuda.

Grande es la sorpresa cuando se entera de que la indemnización que debería pagarle la empresa, o el seguro contratado por ésta -su abogado le había dicho que sería de siete cifras en dólares- no tendrá lugar. Y allí, entre sus investigaciones, porque lo que sí es Ellen es una mujer obsesiva, descubrirá un entramado ciertamente de película.

Pero el tono didáctico que tiene el filme, que utiliza Soderbergh para explicar cómo se creaban las empresas fantasmas y todo el manejo “legal”, que es increíble, hace recordar a momentos de La gran estafa. El director instruye desde las averiguaciones que hace Ellen, y pone a hablar a cámara a los abogados de la firma desde la primera escena.

Que arranca con un asesor financiero que para su cliente crea una compañía foránea que sólo existe en los papeles, pero que no tiene oficina ni empleados. “Sólo es una dirección de correo y un apartado postal en algún país cuyas leyes favorezcan sus metas financieras. ¿En qué país? Islas Seychelles, Chipre o Panamá”, clarifican en tándem los dueños de Mossack Fonseca. Que no son otros que el abogado alemán Jürgen Mossack y su socio panameño Ramón Fonseca, interpretados por Gary Oldman y Antonio Banderas.

Porque lo que no deja de tener La lavandería es un elenco de primera, de lujo, aún en papeles más o menos episódicos.

A los ya nombrados sumemos a Jeffrey Wright como Malchus Boncamper, que fue el director de más de 40 empresas de Mossack Fonseca y tenía una doble vida, y familia, en Panamá y Miami; Sharon Stone como Hannah, una vendedora de condominios en Las Vegas; y David Schwimmer (Friends), Robert Patrick (Terminator 2), Will Forte (Nebraska), Jay Paulson, Larry Clarke… La lavandería es una historia de sobornos y corrupción por millones de dólares, que incluyeron fideicomisos truchos y hasta a Odebrecht, la constructora brasileña que pagó más de US$ 3.000 millones a funcionarios de todo el mundo para asegurarse licitaciones gigantescas. Y fue Mossack Fonseca la que creó empresas fantasmas para que Odebrecht lavara sobornos en Nevada o las Islas Vírgenes británicas.

Por supuesto que hay un tono de denuncia detrás de cada gag, que además de muecas provocan estupor. Es verdad aunque usted no lo crea.

"La lavandería"

Buena

Comedia. EE,.UU., 2019. 96’, SAM 16 De: Steven Soderbergh. Con: Meryl Streep, Gary Oldman, Antonio Banderas. Disponible en: Netflix.