Cultura

La princesa está gorda, qué me importa la princesa

La princesa está gorda, qué me importa la princesa

"Es audaz lo de Caras", me decía hace unos días una colega de trayectoria. Hablaba, claro, de la ya bastante repudiada tapa en la que la revista mostraba a la reina de Holanda con su hija Amalia, la heredera, y explicaba que la chica luce con orgullo su "look plus size". Lo audaz, decía mi colega, es mostrar en portada a una joven gorda. Eso es poco habitual, digamos la verdad.

La tapa, por supuesto, muestra la gordura como una falta, por eso destaca que luce su gordura -envuelta en finos ropajes "plus size"- con "orgullo". Ya se sabe: "luce con orgullo su figura delgada y con buenos pechos" no sería un titular posible. Una noticia es el hombre que muerde al perro, al revés, se cae de maduro.

Así que la princesa se muestra, pobre, con orgullo, y por si hiciera falta, la acompaña su mamá, por contigüidad orgullosa de esa hija que no entra en un molde que no sabemos quién diseñó.

La tapa de la discordia.  Amalia, la hija mayor de Máxima Zorreguieta, con su madre.

La tapa de la discordia. Amalia, la hija mayor de Máxima Zorreguieta, con su madre.

¿Cómo es una humana? ¿Cómo es una mujer? ¿Cómo es deseable, es decir, cotizada en el mercado del deseo? ¿Pierde con el tamaño -"plus size"- los puntos ganados en la realeza?

"Una joven cualquiera de su misma edad, en el conurbano bonaerense, sería hostigada e insultada por su cuerpo gordo", escribía hace unos días, en la edición digital de Clarín, Lux Moreno, una referente del activismo gordo. Por supuesto pero ¿por qué? ¿Por desobedecer involuntariamente a un mandato estético? ¿La insultarían porque no pueden desearla, porque es carne sustraída a ese deseo? ¿Porque la desean igual y no hay más ogro que al que al ogro ama, como se ve en Shrek?

"Soy una princesa, y no es así como una princesa debe ser", dice en la oscuridad y entre lágrimas Fiona, una de las protagonistas de esa película, que por las noches deja su apariencia frágil, el talle fino, y se vuelve regordeta. "Quién podría amar a una princesa tan desagradable y fea?", se lamenta. Sólo la salvará el primer beso del verdadero amor y, dice el hechizo, ella tomará la forma de quien la bese. Su pretendiente noble -que tampoco ama su cuerpo sino su trono- amenaza con encerrarla en una torre, que no vean ese cuerpo. Pero ella está enamorada de Shrek.

El gurú Charly García nos cantaba, en el siglo pasado: "tu defecto te nombra". El Narigón, el Pelado, la Gorda. Mientras siga siendo defecto, seguirá nombrando: la lucha está en marcha pero el deseo no se legisla y no alcanza con clausurar las palabras.

PK