Cultura

Las bromas pesadas de Astor Piazzolla, la historia desconocida del genio del bandoneón

Las bromas pesadas de Astor Piazzolla, la historia desconocida del genio del bandoneón

Astor Piazzolla vivía en Little Italy de Nueva York cuando el barrio era pesado. Tipo El Padrino II. Los gangsters merodeaban como moscas y más de una vez, en la peluquería del padre, zumbaron los balazos. Él, Astor, era un pibe atorrante y tenía una barrita de amigos: rompían vidrios, tocaban timbres, robaban tiendas, los agarraba la policía. Un día su papá vio un bandoneón en una vidriera. Se lo compró. Cuando Astor puso las manos en el fuelle dejó la barrita y refundó el tango.

Le dijeron de todo a Astor en medio de aquella guerra fría sobre qué era el tango en Buenos Aires. Y él, claro, compadrito, también las dijo. Como aquella vez que un periodista le preguntó si él podía tocar el bandoneón como Aníbal Troilo. Piazzolla chicaneó: “Y…, si me atara la mano izquierda a la espalda y me rompiera un par de dedos de la derecha, puede ser que sí”. Fue, en rigor, una devolución de gentilezas a unas declaraciones de Pichuco, quien había dicho de su música: “No, pibe, eso no es tango”.

Foto de Piazzolla y Ferrer a cumplirse 25 años del tango Balada para Un loco

Foto de Piazzolla y Ferrer a cumplirse 25 años del tango Balada para Un loco

Lo cierto es que estos dos tipos se querían. Astor había sido bandoneonista y arreglador de la orquesta de Troilo. Una vez Pichuco fue a verlo tocar. Cuando Piazzolla interpretó el tema Responso, Troilo se puso a lagrimear. Se levantó, abrazó a Astor y, con voz ronca, le dijo: “Gato, por favor, tocame Adiós Nonino”. Y después: “Gato, tocalo otra vez”.

Pero detrás de estas historias, del Adiós Nonino —a Oscar López Ruiz le contó que la compuso en tres minutos—,  de las balas zumbando en Little Italy, hay una faceta poco conocida del músico: fue un profesional de las bromas pesadas. Lo retrata muy bien el propio López Ruiz en su gran libro Piazzolla, ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! 25 años de laburo y jodas con un genio, reeditado por la editorial Gourmet Musical.

Por ejemplo, lo volvía loco al cantante Héctor De Rosas. Una vez creó un arreglo para Cafetín de Buenos Aires  solo para hacerle una joda. Piazzolla instruyó a toda la orquesta para que le siguiera la broma. El lugar estaba lleno. Mientras De Rosas seguía cantando vio cómo todos los músicos se empezaban a ir no solo del escenario, sino del mismísimo boliche. El cantante quedó inmóvil.

La tapa del libro "Piazzolla, ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!", reeditado por Gourmet Ediciones.

La tapa del libro "Piazzolla, ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!", reeditado por Gourmet Ediciones.

Otra vez, en un viaje en auto a Córdoba, pararon para cargar nafta y Astor sacó del baúl una carabina que usaba para cazar. ¡López Ruiz se pegó un susto bárbaro! Piazzolla lo tranquilizó y le mostró que estaba descargada. A los pocos kilómetros, ya en pleno viaje, advirtió que venía un ciclista. “¡Agarrá el volante!”, le gritó Astor de pronto. Entonces asomó la mitad del cuerpo por la ventanilla y le apuntó con la carabina al ciclista. Con cara de terror, el pobre ciclista se fue a la banquina y al agua estancada.

Ni que hablar de la vez que le pidió cinco minutos prestada la bicicleta a un cadete para embromar a un policía de tránsito en Río Hondo que lo persiguió tocando el silbato. Escuchen esta historia: en Comodoro Rivadavia había un trompetista que creía tocar los sobreagudos como Louis Armstrong. Era insoportable. Malísimo. La orquesta de Piazzolla estaba en el camarín, pegado al escenario. A los 10 minutos Astor se cansó. Se levantó de la silla, agarró un palo largo de madera, se colocó a un costado del escenario y, al momento del sobreagudo, le pegó un palazo en los pies y salió corriendo.

Oscar López Ruiz cuenta en el libro que nunca lo vio a dormir más de cuatro o cinco horas seguidas, por lo menos en las giras donde compartían habitaciones de hotel. Que Piazzolla iba con regularidad al Teatro Colón y seguía a la orquesta con la partitura en la mano. Que lo llamaban “Láser” por lo fulminante de sus miradas cuando alguien no respetaba la música. Que imitaba muy bien a Borges y llegó a decir que "el viejo era un genio, pero también un pelotudo". Que Dizzy Gillespie, tras escucharlo, fue directamente a abrazarlo y le dijo: “Esto es lo más increíble que he escuchado en mi vida”.

Como dice su guitarrista: Astor comenzó a escribir la música del Buenos Aires de hoy hace cuarenta años.

Piazzolla, el músico que refundó el tango.

Piazzolla, el músico que refundó el tango.

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