Cultura

Las selfies de Picasso: una muestra revela hasta qué punto la fotografía influyó en su vida y su obra

Las selfies de Picasso: una muestra revela hasta qué punto la fotografía influyó en su vida y su obra

Durante la Primera Guerra Mundial, en su taller de la rue Schoelcher, Picasso se hace retratar ante las telas en las que está trabajando. En uno de ellos, frente al cuadro Hombre sentado con vaso, el artista se muestra en actitud bravucona, las piernas abiertas y los puños cerrados, vestido únicamente con un calzón de boxeo, el pecho henchido, listo para el combate. “Se presenta a sí mismo como un conquistador; el arte moderno está viviendo una revolución y él quiere ser protagonista”, dice Violeta Andrés, comisaria de una exposición de múltiples capas, Picasso.  

El genial artista español. En una imagen doméstica.

El genial artista español. En una imagen doméstica.

La mirada del fotógrafo, en el Museu Picasso, que muestra hasta qué punto la fotografía jugó un papel importante en su vida y su trabajo, al tiempo que nos abre las puertas a la intimidad de sus talleres, en su caso sus espacios vitales, y vemos cómo va forjando su propia leyenda, convertido en actor de su propio personaje. 

Picasso fue el artista visual más importante del siglo XX y también el más fotografiado de la historia, objeto de persecución de los paparazzi, como se ve en la imagen tomada por David Douglas Duncan en Cannes en 1957: el artista rodeado de fotógrafos, de espaldas a la cámara, y pese a ello plenamente identificable, pantalones a cuadros y chaqueta clara.

El propio Picasso empuñó la cámara con la misma habilidad que había demostrado con el pincel para dibujar su propia imagen: se hizo numerosas selfies en los que con el paso del tiempo fue adoptando diferentes identidades; como un campesino rudo, despatarrado y marcando paquete en la butaca de su habitación del hostal de Horta de Sant Joan; como un bohemio en el umbral de su modesto taller del boulevard Raspail, como un dandy descuidadamente recostado sobre un diván de terciopelo...

“Quiero dejar un registro lo más completo posible para la posteridad”, le dijo a Brassaï, uno de sus fotógrafos favoritos, consciente de que la imagen iba a ser una herramienta esencial en la construcción de su propia leyenda. Al final, “es la camiseta de marinero la que coloca a Picasso en el imaginario colectivo, gracias al impacto de la portada de la revista Life de diciembre de 1968”, escribe la historiadora Laurence Madeline en el catálogo de la muestra. La imagen la había tomado Robert Doisneau en 1952, en Vallauris, Picasso con camiseta de marinero, las manos apoyadas tras los cristales de la ventana. “Así es como elige ser visto: como un resistente, accesible y libre”.

El ojo de Picasso ve más de lo que se ve”, dijo Man Ray, y Violeta Andrés, ante la pregunta de si entre las muchas cosas que fue a Picasso se le puede considerar también fotógrafo, recuerda que efectivamente “antes que todo “fue un ojo, una mirada, y en ese sentido experimentó con la técnica fotográfica como con todo aquello que encontró a su al­cance”.

La exposición se nutre de las imágenes donadas por sus herederos en 1992 al Estado francés y que hoy forman parte del Musée Picasso de París. La muestra incluye también dibujos, esculturas, grabados, películas..., arranca en Horta de Sant Joan, donde el pintor pasa el verano de 1909 junto a Fernande Olivier y juega a ser reportero, fotografiando sus paisajes, su gente y sus nuevas obras cubistas, que enviará a la coleccionista Gertrude Stein.

Poses. Una imagen tomada por David Douglas Duncan.

Poses. Una imagen tomada por David Douglas Duncan.

Luego emprende un paseo de taller en taller. “Nos hemos centrado en la noción de taller porque para Picasso no es el lugar donde uno crea sino su forma de vida”, añade Andrés. Vemos por primera vez el interior del mítico Bateau-Lavoir gracias a una acuarela de Enric Casanovas; su nueva vida burguesa en la Rue La Boétie junto a su esposa Olga, mientras en su obra irrumpe Marie-Thérèse; la buhardilla de Rue des Grands Agustins donde pasa los años oscuros de la ocupación nazi y donde, bajo la mirada de la fotógrafa Dora Maar, da vida al Gernika; la villa La Californie en Cannes o sus últimos refugios: el castillo de Vauvenargues y Mougins. Vemos a Picasso a través de la cámara de Brassaï, Capa, cartier-Bresson, David Douglas Duncan, Dora Maar, Man Ray o Arnold Newman.  

Fuente: La Vanguardia

VA