Cultura

Mariana Dimópulos: "La historia se piensa y se escribe trabajosamente desde el presente"

Mariana Dimópulos:
Muchos años después de la desaparición de Lila, su prima Monique, menor que ella, comienza a indagar sobre lo que pasó: tiene solo algunos datos, sin embargo, las puertas se empiezan a abrir hacia caminos que se bifurcan y lo que ella pretendía como una historia pequeña, e incluso íntima, toma el horizonte de una historia sobre el pasado reciente de la Argentina.

Escrito al ritmo de dos narradores y dos tiempos -por un lado, Monique, que a medida que descubre a Lila, se redescubre a sí misma; y por el otro, como crónica sobre los días de la joven militante-, "Quemar el cielo", publicado por Adriana Hidalgo, significa la cuarta novela de Mariana Dimópulos ("Anís", "Cada despedida" y "Pendiente"), ensayista, traductora e investigadora, especialista en la tradición de la filosofía alemana, sobre todo en Walter Benjamin.

-Télam: Es una novela que cruza ficción y realidad y abreva en distintos géneros ¿cómo apareció esta historia?
-Mariana Dimópulos: Es un libro de ficción que se pregunta por cómo se entrecruza la historia escrita con minúscula, la personal, con la Historia escrita con mayúscula. Trata de pensar esos momentos en que lo que entendemos por sucesos marcantes a nivel general atraviesan la vida privada. Siempre me interesó, aunque no soy heredera directa, la vida y el destino de los militantes de los años setenta.

Con la investigación y las entrevistas aprendí a pensar algunas cosas. Coquetear con el género de la crónica también me parecía necesario. Usé material de muy diversos tipos: libros, películas, documentales, videos, diarios, entrevistas. Como novelista las tentaciones no son pocas cuando uno tiene tanto material. Este libro es el producto de un largo alambique de destilación.

-T: ¿Cómo trabajó el registro de dos narradores en dos tiempos distintos?
-M.D: Por un lado, hay algo que tiene que ver con el lenguaje, con algo de la lengua de esa época que se nos aparece como vencida. Más la lengua que lo que esa lengua tenía para decir. Esa era una dificultad técnica enorme como escritora, porque es la materia prima sobre la que se arma un libro. Separar en dos narradores y dos planos de tiempo me ayudó a construir una distancia con esa lengua y así retratarla de lejos sin caer ni en el sarcasmo ni en la benevolencia. Por el otro lado, me interesaba que no fuera una crónica simple de aquellos días. La historia se piensa y se escribe trabajosamente desde el presente. Ir intercalando a Monique como una equívoca historiadora y las vivencias de Lila como militante en aquella época era una forma de subrayar esos planos.

-T: Se esboza una particular mirada sobre la familia, comenzando por el negacionismo del accionar del Estado, el ocultamiento, los silencios pero también la contención. Una lectura no romántica de la familia.
-M.D: Me especializo en lecturas no románticas de la familia, aunque entiendo que sigue siendo un factor de enorme peso, sobre todo en nuestra cultura (hay países en que se ha desdibujado un poco más su función cohesiva). La negación (institucional), el ocultamiento (familiar) y el autoengaño (individual) forman un trío bastante elocuente para documentar a través de la ficción ese entrelazado de historia en minúscula y su contraparte en mayúscula en nuestro caso, el caso argentino.