Cultura

Mario y su padre, Ernesto Sabato: "Recién cuando yo tenía 60 años pudimos decirnos que nos queríamos"

Mario y su padre, Ernesto Sabato:

“La foto debe tener algo así como sesenta y cinco años, pero nunca la olvidé. Es una de las pocas en las que mi padre se permite una caricia conmigo”, escribió en las redes Mario Sabato, uno de los dos hijos de Ernesto Sabato, para conmemorar el día en que su padre hubiera cumplido 108 años. En la imagen se lo ve junto al escritor y a su madre, a los que, según explica en el texto que acompaña la foto, no puede recordar disociados. “Entre ellos, y para mí, fueron una unidad que ni la muerte logró separar”.

También confiesa, en el texto que acompaña esa postal en blanco y negro: “Las cosas son muy diferentes ahora. Maravillosamente distintas. Veo a mis hijos con sus hijos y el cariño no se les oculta por el pudor que había entonces, que nos condenaba a los gestos truncos y que enmudecía las palabras que deseábamos decirnos. Nos quisimos mucho, a nuestra manera, tan recatada. Tuvimos que esperar sesenta años para decirnos, con palabras, que nos queríamos. Tal vez, para celebrar su cumpleaños, que es lo que estoy haciendo, debería haber puesto una foto de él, sin compañías innecesarias para los que quieran recordarlo.” 

Mario Sabato, es realizador cinematográfico / Télam

Mario Sabato, es realizador cinematográfico / Télam

Ahora, en diálogo con Clarín, Mario relata aquel momento de intimidad en el que, a sus 60 años, pudo decirle a su padre que lo quería, y Ernesto también pudo corresponderle con palabras. “Fue un atardecer, en su estudio, él estaba triste por algo, y yo lo abracé y le dije ‘Te quiero’ por primera vez. Él hizo lo mismo. Nos conmovimos muchísimo los dos. Durante casi toda mi vida había naturalizado esa distancia que separaba a padres e hijos por entonces y pude repensar como padre y después como abuelo. Hoy disfruto muchísimo el cariño que mis hijos expresan a sus propios hijos y que yo a ellos puedo expresarles, pero con papá eso no fue lo habitual durante la mayor parte del tiempo. Y es muy duro. Porque uno piensa todo lo que nos perdimos, lo que no pudimos decirnos casi hasta la vejez, y antes de que por lo mal que estuvo él en sus últimos años la comunicación haya pasado a ser casi gestual.” 

"A mí me dicen que me envidian por el padre que tuve pero yo envidio a mi nieto, que mantiene una relación más expresiva con su papá"

Mario Sabato

Aquel pudor que determinaba la distancia física es la que Ernesto Sabato quiebra en la foto en la que se ve sosteniendo la cara de su hijo, en un gesto que deja entrever la ternura. “Él viaja a Europa, calculo que sería 1956, y allí estábamos mamá y yo para despedirlo, en la terraza de Ezeiza”, cuenta. Era usual que los familiares subieran hasta allí para despedir o dar la bienvenida a sus familiares, y también había quienes se movilizaban hasta ese lugar solo para ver despegar a los aviones, lo que consideraban un espectáculo en sí mismo. Yo estoy de pantalones cortos y me habían vestido especialmente para la ocasión. Fue la tarde en que recibí esa caricia inolvidable.”

El post termina: “Me cuesta recordar las tempestades que a veces nos separaron. Y debe ser porque siempre las sucedieron amaneceres luminosos. Y así lo recuerdo, como un ser luminoso que surgía de la oscuridad y de las tinieblas en las que se envolvía. Con los años, se me fue disipando aquel pudor, hijo de su pudor. Tanto que ahora puedo escribir, sin que nada me detenga esto que me sale del alma: Te quise, papá. Te sigo queriendo.

-¿Eso le dirías ahora?

-Sí, los dos supimos cuánto nos queríamos, aún con aquella sobriedad. Nos escribíamos cartas que, supimos años más tarde, a veces mi mamá, que las entregaba, intervenía o no entregaba al otro. Tuvimos ese contacto escrito, algunas veces, accidentado, pero el amor era parte del vínculo, y eso es lo que me permite ahora divertirme viendo a las parejas actuales. A mí me dicen que me envidian por el padre que tuve pero yo envidio a mi nieto, que mantiene una relación más expresiva con su papá. Nosotros tuvimos que vencer nuestros pudores con sangre, pero pudimos.  

PK