Cultura

Un libro invita a recorrer y redescubrir el Planetario Galileo Galilei

Un libro invita a recorrer y redescubrir el Planetario Galileo Galilei
Con texto e impactantes imágenes, el libro "Extraordinario Planetario" invita a recorrer el edificio que Jan diseñó como "la síntesis del ser humano" y del que dejó testimonio en un manuscrito en el que explica las ideas que lo llevaron a concebir el Planetario como el sitio que alberga los misterios del universo.

En diálogo con Télam, Julieta Ulanovsky explicó las razones que la llevaron a escribir junto a Valeria Dulitzky el libro, editado por Portfolio.

- Télam: ¿Por qué decidieron escribir un libro sobre el Planetario?
- Julieta Ulanovsky: En 2017 cuando escuchamos que estaban restaurando el Planetario para su 50 aniversario, el sueño de un segundo libro se transformó en proyecto. El Planetario es contemporáneo a nosotras, tiene nuestra edad y nos interpela de un modo especial. Toca nuestra historia y nuestra propia idea de futuro. Es de los pocos edificios sin medianeras en la Ciudad de Buenos Aires. Nos impactó su porte de nave espacial. Uno lo da por sentado pero dejamos de naturalizarlo, como elección activa.

- T:¿Con qué concepción arquitectónica y cultural fue concebido el Planetario?
- J.U.: El arquitecto Jan concibió al Planetario como un ideograma arquitectónico: imaginó un edificio que, sin frases ni letras, transmita un concepto. El puente por el que se ingresa era para él la llave entre el afuera y el adentro, la transición entre un paisaje terrenal -un plano de dos dimensiones- y una nave tridimensional en la que se producen y transmiten los conocimientos. El triángulo equilátero es la figura clave y tiene un significado especial. Es la base de la estructura: el Planetario se apoya en tres patas. A partir del triángulo se derivan el rombo, el hexágono, el tetraedro y el círculo, figuras que se despliegan y replican en toda la arquitectura del Planetario: oficinas, paredes, muebles, la trama de las baldosas, el anillo de la galería, la estructura semiesférica de la cúpula. Su autor imaginaba al edificio como la síntesis del ser humano. Lo concibió como la intersección de dos pirámides invertidas, apoyadas en el piso una sobre la otra: una apuntando hacia el cielo, y la otra bajando en sentido contrario. Hacia arriba, la cúpula redonda con su anillo y el piso colgante del museo y hacia abajo, las oficinas y la sala de máquinas. La escalera que une los distintos niveles forma las vértebras de lo que para Jan es el eje que une el sacro y la bóveda craneal, el canal por donde asciende el conocimiento. Cada uno de estos tetraedros también es la imagen de la molécula de carbono, la base de la vida.

- T: Además del valor arquitectónico que tiene, el edificio es una verdadera obra de arte. ¿Qué tan vanguardista fue el modelo para su época?
- J.U.: Buenos Aires tiene edificios únicos e icónicos. Pero nada se parece al Planetario Galileo Galilei. Si bien se enmarca dentro de la arquitectura moderna, su emplazamiento y función lo hacen único. También significó un desafío constructivo para la época. Se hicieron muchísimos cálculos estructurales. Enrique Jan no era un arquitecto conocido, era un empleado municipal que se vio frente al desafío de su vida. Y lo logró con éxito.