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Braian Toledo, en primera persona: "Se ve que los guisos de mi mamá fueron buenos, ¿no?"

Braian Toledo, en primera persona:

Braian Toledo encarnó uno de los casos de superación más importantes de la historia del deporte argentino. Nacido en una familia súper humilde se transformó en uno de los atletas más importantes del país. Su vida se truncó este jueves a la madrugada, con apenas 26 años, tras sufrir un accidente con su moto en Marcos Paz, su lugar en el mundo y con el mismo vehículo que su entrenador Gustavo Osorio lo llevaba y lo traía de los entrenamientos cuando apenas tenía 10 años.

Desde su aparición en la escena del deporte de alto rendimiento a fuerza de marcas imposibles, desafiando los límites del infinito, Toledo siempre se mostró centrado en dos objetivos. Superarse día a a día para codearse con los lanzadores de elite y ayudar a su familia y a su gente para que no vuelvan a pasar privaciones. Y eso quedaba en evidencia en cada una de las entrevistas que dio en las que siempre aparecía la figura de su mamá, Rosa, quien fue su gran sostén familiar.

“En casa había guiso, puchero, polenta y lentejas. Eso fue lo que me dio fuerza siempre. Se ve que los guisos de mi mamá fueron buenos, ¿no?”, desafiaba cuando apenas tenía 17 años y ya había asombrado a todos con su fulgurante aparición en los Juegos Olímpicos de la Juventud.

“He vivido cosas muy fuertes. Me están pasando cosas muy maravillosas para la edad que tengo. Cuando sea más grande recién tendré en cuenta la inmensidad de lo logrado. Pero hoy me siento vacío y que no conseguí nada. Mi corazón quiere más y trabajo para esto”, agregaba en una entrevista que le concedió a Clarín en abril de 2011.

Para mostrar qué era lo que motorizaba sus sueños, resumía: "Lo mejor es que mi familia está bien y eso lo disfruto. Antes lanzaba para obtener una beca que ayudara a mi mamá y a mis hermanos. Gracias a Dios la pude conseguir y ahora tengo otro objetivo: llegar a la elite de los mayores".

Y, al ser consultado si le generaba presión sentir la obligación de ayudar en su casa, el joven Braian explicaba: "Tenía que conseguirlo para su bien. Era mi motivación. Los padres son la base de una persona. Si los padres son responsables, uno lo es. Pero sin una madre y un entrenador que te guíe, no llegás a ningún lado".

Sus sueños comenzaron a corporizarse cuando entendió que su talento innato potenciado por las enseñanzas de Gustavo Osorio, lo podían llevar muy lejos. "A los 14 años me di cuenta de que lanzando lejos podía ayudar en casa, haciendo lo que a mí me gusta podía dar una mano sin esperar diez años hasta recibirme en alguna carrera Ahora sólo pienso en entrenar y soñar. Uno se vuelve loco y obsesivo con ésto. Llega a ser parte de tu vida. Si no voy a entrenarme un día, me pongo loco y extraño. Por suerte tengo 15 o 20 años por delante en el deporte".

Ya entonces tenía bien claro cuál sería su objetivo: “Ojalá me ilumine y sea un lanzador de 90 metros. Entonces podré cumplir mi objetivo a futuro: ayudar a la gente humilde cuando llegue. Quiero cumplir ese sueño porque cuando yo lo necesité, me hubiese gustado que me ayudaran. Con que me regalaran una zapatilla hubiese sido feliz. Mi idea es poner comedores, donar ropa y alimentos. Un plato de comida hace falta en las casas. No todos tienen la misma posibilidad de tenerlo. Yo no la tuve y por eso sé qué se siente. Es un sueño para cuando sea grande. Quiero motivar a los chicos para que sientan que nada es imposible. Siempre hay que soñar. La pasión te lleva a alcanzar lo que deseás".

Entre récord y récord, con una final olímpica sobre su espalda y con las lesiones que comenzaron a recortar sus sueños, Toledo decidió en 2016 irse a Finlandia, la gran cuna de lanzadores de jabalina, para perfeccionarse y seguir creciendo. Y no le fue fácil, ya que por primera vez se alejó de Osorio, su maestro de toda la vida.

"La verdad es que me costó muchísimo tomar la decisión. Internamente lo venía pensando ya hacía dos años, asimilando de a poco la necesidad de un cambio. Por suerte pude diferenciar la parte atlética de la humana. Con Gustavo vengo trabajando desde siempre; él fue quien me inició en esto y sigue siendo muy importante para mí. Se terminó la relación deportiva nomás", le contaba a Clarín en noviembre de 2016.

Y cerraba: “Sé que crecí muchísimo en los últimos años, como deportista y como persona, que es tal vez lo más importante. Crecí un montón, pero estoy abierto a crecer mucho más”, aseguró Toledo. Y reafirmó: “Intento no ponerme ningún techo e ir paso a paso; ya veremos lo que logré cuando termine mi carrera. Y siempre digo lo mismo: siento que puedo llegar al infinito”.