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El día olvidado en el que Diego Maradona ganó el Balón de Oro

El día olvidado en el que Diego Maradona ganó el Balón de Oro

A Diego Maradona le habían cortado las piernas. Decían que estaba roto. El Mundial de Estados Unidos se había convertido en una maldición.

Lo contó El Diez en su autobiografía Yo soy el Diego: "Nunca me voy a olvidar de aquella tarde del 25 de junio. Sentía que había jugado un partidazo, estaba feliz. Vino esa enfermera a buscarme hasta el costado de la cancha y no sospeché nada. ¿Qué iba a sospechar si yo estaba limpio, limpio? Yo estaba feliz, feliz de la vida... Tan feliz como no podía estar alguien consciente de haberse mandado una macana. Tres días después estaba disfrutando de un par de esas horas libres que nos daba el Coco, cada tanto. Hacía calor, como todos los días. Pero a nosotros no nos importaba nada. Estábamos felices como chicos. Charlábamos de cualquier boludez con la Claudia, con Goycochea y con su mujer, Ana Laura. Estaba mi viejo, también. En eso apareció Marcos, con una cara terrible, desencajado. '¿Quién se murió?', pensé yo.

-Diego, tengo que hablar un minuto con vos; tu control antidoping contra Nigeria dio positivo. Pero no te preocupes, los dirigentes lo están manejando bien...

Lo último casi no lo escuché, ya había pegado media vuelta, buscándola a Clau... Casi no la distinguía, ya tenía los ojos nublados, llenos de lágrimas. Se me quebró la voz cuando le dije: -Má, nos vamos del Mundial. Nadie de quienes estaban conmigo atinaba a decirme nada: ni Claudia, ni Marcos, ni el querido Carmando, pobre. Entonces dije todo lo que se resumió en una frase que puedo repetir, tranquilamente: insisto, hoy, me cortaron las piernas..."

Sin las piernas que le cortaron, al año siguiente ganó el Balón de Oro. La revista France Football se animó a ofrecer un acto de justicia. Diego lo agradece desde entonces.

El premio era ajeno a aquel que no fuera europeo o nacionalizado (como el inmenso Alfredo Di Stéfano, vecino de Barracas y del Puerto). Recién en aquel 1995, la revista francesa le dio lugar a un ajeno: en la versión oficial, George Weah -africano, de Liberia, país-colonia, nacido de los Estados Unidos- se llevó el galardón habitual. Diego Maradona -como Pelé el año anterior- se llevó el de Honor.

En definitiva, un homenaje a una historia irreductible. No menos de cinco o seis veces el crack de Fiorito había merecido el pedestal.

Revisemos:

En 1986, lo ganó Igor Belanov, soviético, buen delantero. ¿Y el muchacho de rulos que ahora dirige a Gimnasia? Nada. Ofreció la mejor versión individual de la historia de las Copas del Mundo. Fue elegido de modo unánime como el mejor de México 1986. Convirtió el Gol de Todos los Tiempos. Y hasta invitó a los mejores escritores a discutir sobre La Mano de Dios.

En 1987, el encantador Ruud Gullit se besó con el Balón de Oro. Diego, en simultáneo, ganaba el primer Scudetto en la historia de Nápoles y de todo el Sur postergado de Italia. Del otro lado, con la camiseta del Milan, estaba el ruliento nacido en Amsterdam.

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Los dos años siguientes, 1988 y 1989, Diego fue crack de un equipo cuya historia lo obligaba a ser cacheteado por el Norte. El Milan, la Juventus, el Inter. Ganó Marco Van Basten. Tremendo centrodelantero. El impulso de la Euro del 88 fue decisivo. Diego, siempre mago, seguía siendo el mejor. Y llevaba por esos días a SU ciudad, Nápoles, a ganar su único título de Europa: la Copa de la UEFA (Hoy Europa League).

En 1990, año del Mundial de Italia, el Balón de Oro tuvo carácter emblemático: se lo llevó Lothar Matthaus, líder del seleccionado alemán que venció a la Argentina de Diego en la final. Sí, con aquel penal todavía discutido y convertido por Andreas Brehme. Diego, de nuevo inmenso, sacó campeón al Napoli imposible. Esta vez Scudetto y Supercopa de Italia, con goleada a la Juventus.

Después, en su vida de vaivenes, fue y vino. Pareció muerto o lo mataron, pero siempre resucitó. Se paseó por el mundo y por sus mundos. Queda otra impresión: estaba para ganar varios Balones de Oro y tantos premios afines. 

Ahora dirige a Gimnasia. Y sigue asombrando a todos. A su modo y manera.

Algo parecido le sucedió a la conducción de France Football en aquel 1995, ese 3 de enero. El mejor de todos no podía quedar afuera del listado de los mejores. El beso de Diego al trofeo -alejado del fútbol por una sanción todavía cuestionable- terminó siendo una reivindicación.

Un lustro después la gente lo homologó: en la encuesta que la FIFA hizo a través de Internet, Maradona arrasó en su condición de mejor futbolista del Siglo XX. Triplicó a su escolta, Pelé, en la cantidad de votos. De algún modo o de todos, Diego de Oro. Siempre de oro.