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Lo que está en juego es el poder, como siempre

Lo que está en juego es el poder, como siempre

Parece que los clubes se embarcaron en una cruzada para defender los sacrosantos intereses de la Selección nacional contra los cuales atenta la Superliga. Hermosa fachada, a prueba de cualquier crítica. La lucha es por el poder y por el negocio del fútbol.

Lo más curioso de todo este charco es que ambos mostradores, más allá de las diferentes conducciones, están integrados por los mismos dirigentes. Todo se acentuó a partir de las crecientes quejas por el dinero que ingresa a los clubes por el reparto de los derechos de TV. En suma, una disputa por el poder, ese que en 2017, desde la casa de la calle Viamonte cedieron a las oficinas de Puerto Madero. Desde esos centros de operaciones se instalaron las plataformas de los misiles lanzados ayer en forma de comunicados. Duro el de la AFA, seco pero contundente el de la Superliga. Lo que siempre fueron escaramuzas aisladas pero reiteradas, ahora parecen haber acelerado hacia la madre de todas las batallas.

Tras la muerte de Julio Grondona, el 38-38, la Normalizadora y otros desaguisados, Tapia quedó en el trono mientras la mayoría ejercitaba el funambulismo. Con el tiempo, Pablo Toviggino se convirtió en otro hombre fuerte de la AFA. Daniel Angelici pisaba fuerte pero el cambio de época también alimentó la creación de la Superliga. Los clubes organizarían los campeonatos (esto incluye contratos) y la AFA manejaría la Selección. En las dos organizaciones estaban los mismos dirigentes.

Parece absurdo pero se produjo la colisión. ¿Por qué? En principio, lo que todo el mundo sabe, el poder. Pero luego hay cuestiones más sectoriales que ayudan a empiojar la cancha y alimentan las acusaciones mutuas. Los dirigentes acusan de “falta de cintura política” y de “exceso de concepto de CEO” a quienes dirigen la Superliga y desde allí le adjudican todos los defectos imaginables a los directivos de los clubes. “Runfla” es una palabra dicha en voz tenue en Puerto Madero.

Eficiente, la Superliga demostró que su gestión es satisfactoria. Hay más dinero y se reparte equitativamente. En la AFA sugieren que los CEO son “blandos” para discutir los contratos televisivos y con los patrocinadores. También dicen que no tienen datos fehacientes de cómo se venderán los derechos internacionales de la televisación del fútbol local, que están en plena búsqueda de oferentes. Alguien dijo en estos días que “el fútbol es de los clubes, no de los gerentes”.

El “caso argentino” tiene alguna similitud al “caso español”. Allí, la Federación y la Liga, lideradas por Luis Rubiales y Javier Tebas, se disparan con munición gruesa. La Federación acaba de cambiar el formato de la Supercopa con cuatro participantes, y la sede: llevó Barcelona,Real Madrid, Atlético y Valencia a Arabia Saudita. La Liga, a su vez, mantiene su proyecto de llevar partidos de campeonato a Miami. Rubiales y Tebas son irreconciliables. Ellos, en España, también disputan poder y negocio.

Nicolás Russo, de Lanús, provocó el Pearl Harbor del futbol local al negar la cesión de Valenti al Preolímpico. ¿el motivo?, el calendario “mal hecho” debilitaría a su equipo. Hubo dominó con los otros clubes que también se verían perjudicados entregando sus futbolistas al equipo de Batista. Tapia-Toviggino tuvieron la excusa perfecta para avanzar sobre la Superliga.

Se plegó Ameal, flamante presidente de Boca. No parece casual que rápidamente cierre filas con Tapia-Toviggino cuando el lugar de su club en la AFA le corresponda reglamentariamente a Daniel Angelici a quien desde Brandsen ya le sugirieron que de un paso al costado.

Tapia pisó el acelerador en el momento justo. En diciembre, la Asamblea de la AFA modificó el estatuto y permitió que cualquier miembro del Comité Ejecutivo pueda a aspirar a dos reelecciones, en vez de una. Tapia, entonces, tiene tiempo hasta 2029 para sostener el pulso con la Superliga. Viene para largo.