Economía

Agricultura: llegó la hora del más con menos

Agricultura: llegó la hora del más con menos

Con sus cervecerías, mezclas de estilos arquitectónicos y una vida alrededor del Rin, se dice que Colonia es la más italiana de las ciudades alemanas. Fue parte del imperio romano y según la leyenda los tres reyes magos descansan en su imponente catedral. Pero Colonia y sus alrededores son también la ciudad de Bayer, un gigante global que, tras la multimillonaria adquisición de Monsanto, reparte en mitades su negocio de medicamentos y el dedicado a semillas y protección de cultivos, una proporción que en el Mercosur es de 15 y 85% respectivamente.

En esta ciudad en la que se habla de magia se coincide que eso es lo que precisamente necesita el planeta para resolver la gran paradoja de cómo se alimenta a una población creciente sin dañar al medio ambiente, como se planteó en dos días de conferencias en Monheim y en Baykomm, sedes de los mayores centros de innovación. Allí están buceando en las posibilidades de las abejas con población decreciente en Europa y EE.UU. por su capacidad de polinización y que podrían ser dirigidas a determinados cultivos. Otra alternativa es el reemplazo de fertilizantes por microorganismos. También desarrollan una proteína especial para las raíces de las plantas que sea capaz de asestar un golpe a los gusanos cuando ataquen a esa especie. Todo, orientado hacia los controles biológicos, en una era que los científicos caracterizan como de “químico fobia”. Otra herramienta son las plataformas de precisión milimétrica que ayudan a tomar decisiones en cada metro cuadrado. En Argentina hay 400 agricultores de punta que ya las están utilizando.

El escenario es complejo en un mundo con 7.700 millones de personas. Quienes viven en ciudades superan por primera vez en la historia a los que están en las áreas rurales. Eso significa desplazamientos y más emisiones de carbono. A su vez, la producción agrícola, pese a que absorbe el dióxido de carbono, también es responsable del 23% de las emisiones, de acuerdo a Mathias Berninger, director de sustentabilidad de Bayer.

Pero, ¿cómo se logra una agricultura sustentable, que combine mayor producción en menor superficie? En la que parece una carrera contra el tiempo, todas las alternativas están sobre la mesa. Liam Condon, presidente de Bayer Crop Science, señaló: “El desafío es producir preservando”, dijo. En Alemania y EE.UU. acaban de lanzar los maíces de tallo corto, con menor altura que desarrollan más rápido y son resistentes a los vientos, además de consumir menos agua y nutrientes. Una innovación que recuerda a los trigos enanos que el premio Nobel Norman Borlaug creó en los años 70 para México y ayudaron a salvar del hambre a millones de personas.

Michael Dover, que con Martinagro maneja 2.000 hectáreas propias y otras 2.000 alquiladas en la pampa húmeda y es a su vez presidente de los grupos CREA en Argentina, confía en la siembra directa por lo que implica en términos de conservación de suelos, biodiversidad y menor uso de combustible. Coincidió Patience Koku, campesina de Nigeria, al recalcar que su país necesita incrementar producción y exportaciones.Pam Johnson, con explotaciones en EE:UU, Bolivia, Brasil y Argentina, se refirió a lo que pasa después y fue tajante en la crítica al proteccionismo que impide el ingreso de exportaciones con valor agregado. Pero fue Matheus Gueratto, de Brasil, quien llamó a defender la selva por lo que implica la biodiversidad y su rol en la captura del dióxido de carbono. Brasil tiene apenas el 8% de sus tierras cultivables lo que explica la voracidad por el Amazonas. A todo esto, Bernd Olligs, agricultor alemán, se ocupó de recordar que hay 4.000 millones de personas que todas las noches se van a dormir sin poder cenar. ¿Qué solución vamos a encontrar?, interpeló. Nadie supo darle una respuesta.