Economía

Blanca Cotta, la cocinera de las recetas que nunca fallan

Blanca Cotta, la cocinera de las recetas que nunca fallan

¿Murió Blanca Cotta​? las tardes de niñez jugando mientras nuestras abuelas miraban Utilísima han terminado”, escribió este miércoles a la mañana un usuario de Twitter, apenas conocida la noticia de que Blanca había muerto, a los 94 años.

Como él, muchos la homenajearon en esa red social, con sentimientos comunes a todos. “94 años bien vividos”, decía otra seguidora en la red social.  Blanca (a secas, sin el Cotta, porque a los amigos no los llamamos con el apellido) era de esas cocineras que tienen legiones de fanáticos. Y que los tuvo antes de los programas del cable, antes de Instagram, antes de los rankings.

Porque Blanca era una cocinera que estaba en las casas de todos. Y se nos metió, sí, con la tele, con el “Buenas tardes, mucho gusto”, por el que pasaron otras maestras como Choly Berreteaga (que falleció hace pocos meses) o Chichita de Erquiaga (la que después nos enseñó a cocinar cada mediodía en el noticiero del viejo Canal 13). Pero también se nos metió con la letra y con sus viñetas, porque si algo supo hacer como nadie Blanca es jugar con las palabras y el dibujo, tomar la anécdota y llevar la cocina a un lugar poético porque, ¿no es un arte cocinar?

Mi mamá recortaba sus recetas en la vieja revista dominical de Clarín y las pegaba en un cuaderno del que salieron alguno de los clásicos que nos sigue cocinando, como su mítico pan dulce para ir a dormir. Mi método, más sistemático, era recortar las que tres páginas que ya salían, en los 90, en la revista Viva ​y llevarlas a anillar. En mi biblioteca tengo unos cinco volúmenes gordos, anillados de Blanca.

Cuando aparecieron sus coleccionables, a fines de la década, para sus fans fue la gloria: recuerdo esperar su día de salida e ir temprano al canillita a buscar el fascículo, devorarlo completo, buscar la oportunidad para hacer esas recetas y empezar a construir mi propio bagaje gastronómico. Yo también incorporé a mis “clásicos” varios de los suyos, como su goulash o su lasagna de vegetales y pollo.

Porque eso hizo Blanca: nos formó como cocineros amateurs a generaciones enteras. En sus platos no había artificios, no había “colchones verdes” ni “finas escamas de parmesano”. En sus recetas light --pocas en las miles de recetas que hizo a largo de toda su vida-- ella buscaba siempre priorizar el sabor. La cocina tiene que ser rica, honesta, simple. Tiene que ser un acto de compartir, una transmisión del amor. Y sus recetas, siempre, funcionan. No fallan nunca.

Chau Blanca, hoy te despedimos. Nos queda tu cocina, siempre. Como el legado que nos dejaron nuestras abuelas.