Economía

Coronavirus en Argentina: les avisaron que la abuela murió y hasta la despidieron en el cementerio, pero estaba viva

Coronavirus en Argentina: les avisaron que la abuela murió y hasta la despidieron en el cementerio, pero estaba viva

Lo que le sucedió a una familia en Mendoza le resultó tan angustiante como increíble. Una mujer, quien ingresó con un fuerte dolor de pecho a un sanatorio de la capital provincial y luego aislada por coronavirus, fue dada por muerta y entregada a su familia para fuera sepultada, pero finalmente -y apenas horas después del entierro- se comprobó que estaba viva.

Todo comenzó a principios de septiembre, cuando María Dora Garro visitó a su médico de cabecera en la clínica Santa María (queda en Federico Moreno 1519). En ese momento, la mujer de 71 años padecía un fuerte dolor de espalda. Tras ser examinada, fue medicada y enviada a su domicilio.

El lunes 7 de septiembre regresó al centro de salud ante otro intenso dolor, aunque en esta ocasión fue en el pecho. “La dejaron internada diagnosticándole principio de neumonía”, cuenta su nieta, Shirley Hernández. Esa fue la última vez que sus seres queridos la vieron.

Sentada. María Dora recibió a uno de sus hijos en el hospital. No estaba muerta.

Sentada. María Dora recibió a uno de sus hijos en el hospital. No estaba muerta.

La historia tomó un giro tan dramático como inesperado en la madrugada del jueves 10, cuando desde la clínica se pusieron en contacto telefónicamente con la familia de María Dora para dar cuenta de su muerte. Habían pasado tan solo tres días desde su entrada al sanatorio.

“Nos llamaron a la 1.30 con la noticia de que mi abuela había fallecido. En su acta de defunción dictaba que fue por COVID-19, entre otras”, puntualiza Hernández, quien hizo viral la historia a través de las redes sociales. “Con todo el dolor del alma y sufriendo el trauma y el dolor de esa situación, la enterramos ese mismo día a las 15:30”, agrega.

Efectivamente, el documento que certifica la supuesta muerte de María Dora -y que luego de recibir sus familiares mostraron en Facebook- da cuenta de las patologías: “Síndrome de distrés respiratorio agudo”, “neumonía viral” y “enfermedad por coronavirus - resultado pendiente de confirmación”, dice.

Certificado de defunción. Los familiares firmaron el acta de la muerte de María Dora sin saber que estaba con vida.

Certificado de defunción. Los familiares firmaron el acta de la muerte de María Dora sin saber que estaba con vida.

Lo concreto es que, por protocolos sanitarios, no está permitido el velorio de las personas que mueren durante la pandemia. Y la entrega de sus restos se realiza a cajón cerrado. En ese contexto, los seres queridos de la mujer realizaron el sepelio en el cementerio.

Horas más tarde, el nerviosismo, la incredulidad y el estupor se adueñaron de toda la familia porque pasado el mediodía de este viernes desde el mismo centro salud llamaron para advertir que la abuela se encontraba con vida y a la espera de que pasaran a buscarla. Increíble.

“Nos dijeron que estaba viva y pidiendo por sus hijos. Mi tío fue con extrema urgencia para reconocer si era así. Efectivamente y gracias a Dios, mi abuela vive”, narra Shirley.

Tras supuestamente enterrar a la abuela, los familiares constataron que ella estaba viva en el hospital.

Tras supuestamente enterrar a la abuela, los familiares constataron que ella estaba viva en el hospital.

Los interrogantes que se abrieron después de que la propia familia constatara el gravísimo error del centro de salud fueron -y son- muchos. El principal tiene que ver con quién es la persona a la que sepultaron y cómo y por qué llegó a darse toda esta situación.

Más allá de eso, el reencuentro entre María Dora y el hijo, que en cuanto supo de la novedad fue a buscarla a la clínica fue, cuanto menos, sorprendente. El hombre, por cuestiones de de seguridad, debió ingresar a la sala en donde se encontraba su madre con un mameluco enterizo, el rostro cubierto y aguantando las ganas de abrazarla.

¿¡Qué hacés, viejita!?”, deslizó Ariel al encontrar a su madre parada junto a una de las mesas, con barbijo y en aparente buen estado de salud, intentando acercarse a él aún sin poder reconocerlo, inicialmente, por el traje que llevaba puesto. Hacía muy poco, él la había despedido en un cementerio.

Tras sentarse en una silla, la abuela se expresó: “Vine para acá, pero no puedo salir. Ahora yo tendría que estar en mi casa”.