Economía

José Luis Manzano busca quedarse con Vicentín mientras aliados del Gobierno quieren que sea una empresa pública

José Luis Manzano busca quedarse con Vicentín mientras aliados del Gobierno quieren que sea una empresa pública

Pocos conocen al juez Fabián Lorenzini pero el millonario concurso de acreedores que maneja en Reconquista, lo harán trascender desde la ciudad de los lapachos y jacarandá, al noreste de Santa Fe y a 620 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Lorenzini está a cargo de la cesación de pagos de Vicentín, una de las principales empresas argentinas y que declaró antes de la pandemia el mayor default privado desde la crisis de 2001 con una deuda de US$ 1.300 millones que muchos estiman en casi el doble por operaciones supuestamente no declaradas de la firma que nació en el norte provincial, en la localidad de Avellaneda.

Muy lejos de Reconquista, en Ginebra, varios comenzaron a imaginar cómo quedarse con la compañía que desde hace 90 años interviene e influye en la vida pública de Santa Fe como pocas. En Ginebra, donde reside, José Luis Manzano se interesó en el tema y allí se habría conectado con el ahora ex ejecutivos argentinos que dirigían el otro coloso del comercio de granos y aceites, Dreyfus. Nada menos que Ciro Echesortu, cabeza del fondo Ceibos Group, que no se habrían puesto de acuerdo y ahora pujan por separado por la compañía. Eso sí Manzano encontró nuevos aliados en un consorcio de abogados de Rosario Casanova, Mattos & Salvatierra y se habría sumado el fondo de inversión Carval que fue un brazo de Cargill y que ahora es independiente. Y el otro interesado es Glencore, la suiza que titila entre las cinco más grandes del mundo en el trade.

Mientras varios negocian cómo les pagan, como la cooperativa ACA aceptando una fuerte quita de la deuda, el director del Banco Nación Claudio Lozano, busca que Vicentín se transforme a empresa pública no estatal, una iniciativa que en esta pandemia con la caída de empresas puede convertirse en un caso testigo, de prosperar. Lozano se diferencia de Fernanda Vallejos, la diputada que planteaba introducir al estado en las empresas; "Nosotros lo que buscamos es frenar el avance de grupos transnacionales como Glencore, Dreyfus y Cargill, así como la aparición en escena de dirigentes asociados a etapas aciagas de nuestro país que intentan promover una mentirosa salida nacional y popular, resulta alarmante”, señaló a Clarín.

La cesación de pagos de Vicentín provocó una especie de inquisición sobre la familia y especialmente, sobre su CEO, Sergio “el mono” Nardelli, hijo de una Vicentín y cuya semblanza es descripta como la de esos personajes dispuestos a todo y muy agresivo en su política comercial. Quienes los conocen, detectan fisuras entre Nardelli y su tío político y ex presidente de la Bolsa de Rosario, Alberto Padoan, dedicado a hacer lobby por la empresa.

Para algunos expertos, la firma que arrancaron los hermanos Máximo, Pedro y Roberto, llegados dese Italia en 1920, tuvo un crecimiento demasiado veloz en los últimos años. Desde un almacén de ramos generales, los hermanos fueron pioneros con una planta desmotadora de algodón y la molienda de semillas de algodón, lino y maní. También les recriminan diversificación hacia otros rubros, como la productora de cine que concretó la película El Padre Jorge sobre la vida del Papa. Entre otros aspectos objetables, afirman que esa expansión estuvo apalancada con deuda bancaria de corto plazo.

A eso se añade lo que ocurrió después de las PASO de agosto de 2019, cuando los chacareros y corredores, que les habían entregado mercadería bajo la modalidad de precio a fijar, fueron en manada a reclamar que les liquidaran esos granos. Fue ante la perspectiva de una suba de las retenciones. Y ese reclamo, casi una corrida, ocurrió al compás de la devaluación en medio de la escalada de tasas y bancos que cerraban el grifo y exigían el pago de sus deudas.

A su vez hay préstamos obtenidos de la banca oficial que Vicentín destinaba a sus filiales de Uruguay y Paraguay que están bajo investigación.

Vicentín posee Renova, junto a Glencore. Se trata de la fábrica de aceite más moderna y eficiente del mundo, el frigorífico Friar, Algodón Avellaneda, Arsa, que maneja los yogures y postres que le compró a Sancor, además de oleaginosa San Lorenzo. Es dueña del Puerto Público de Rosario, un puerto de contenedores y posee Los Corrales de Nicanor, dedicada al engorde de miles de cabezas de ganado. Otro de sus negocios es una bodega en Mendoza que elabora exquisitos vinos y espumantes. Y hasta tiene en Renopack una planta de envases para los aceites que elaboran a Victor Fera, de la marca Marolio. Contabiliza sociedades en Paraguay, Brasil y España. Eso sí, para su concurso de acreedores contrató al estudio Alegría.