Economía

"Nunca vi que le pegaran tantas patadas en la cabeza a una persona", dice el patovica que echó a Máximo Thomsen antes del crimen de Fernando Báez Sosa

Alejandro lleva más de una década trabajando de seguridad en boliches. En todos estos años como patovica, le tocó ver e intervenir en múltiples hechos de violencia en la noche. Sin embargo, nada le quita de su mente los recuerdos de la madrugada del 18 de enero, cuando Fernando Báez Sosa fue asesinado por un grupo de rugbiers en Villa Gesell. "Nunca vi que le pegaran tantas patadas en la cabeza a alguien", dice en diálogo con Clarín.

La imagen de Chiqui -como lo apodan por su contextura física- se repite en los medios desde hace semanas. Aparece en al menos dos videos grabados por las cámaras de seguridad del boliche Le Brique, donde trabaja hace 13 años durante la temporada de verano. Allí se lo ve echando a Máximo Thomsen, señalado por varios testigos como el líder del posterior ataque contra Báez Sosa.

En las filmaciones, "Chiqui" le traba el brazo izquierdo a Thomsen, mientras otro compañero lo toma por atrás. Entre los dos, a la fuerza, lo sacan desde la pista, a través de la cocina, hasta la calle. Eran las 4.41 de la mañana.

“Fernando y sus amigos salieron tranquilos del boliche. Los rugbiers iban gritando, pero al pasar por la cocina se calmaron un poco. Sin embargo, el que estaba más alterado, era (Máximo) Thomsen”, comenta el patovica al recordar cómo sacó del local a los jóvenes.

Un minuto antes, el grupo de Báez Sosa habían tenido un incidente con los rugbiers dentro del boliche. Según pudo reconstruir Clarín, hubo un roce menor -un empujón o un pisotón- durante un pogo en el show del trapero Neo Pistea. Fernando intentó calmar los ánimos, pero los rugbiers no lo aceptaron.

En ese momento, desde una de las escaleras, Alejandro marcó con un láser a quienes se estaban involucrados en la pelea. Allí intervino junto a otros empleados de seguridad. "Fue lo de siempre. Se abren en la pista y cuando llegamos se sacan a los que se ven peleando o discutiendo", recuerda.

"Chiqui" vuelve sobre la actitud de Thomsen, quien mostró mayor resistencia tal como se ve en el video que se viralizó. “Intenté sacarlo solo, pero hacía tanta fuerza que se destrababa. Por eso le tuve que pedir a un compañero que me ayude con este chico”, recuerda.

Alejandro regresó al interior de Le Brique, pero un compañero le avisó por handy que había una pelea a media cuadra del local. Salió a la puerta y le avisó a un policía. Cuando los agentes se fueron a ver el incidente, vio otro incidente en la vereda de enfrente del local. Era el ataque contra Fernando Báez Sosa.

"Nosotros estábamos gritando, llamando a la policía que estaba con dos peleas más en la esquina y a la vuelta del boliche", asegura y explica que por reglamento tienen prohibido moverse de "la línea local". Por eso, afirma, no tomó intervención ante el ataque que se produjo en la vía pública.

El patovica declaró el mismo sábado 18 de enero en la causa que investiga el crimen, que hoy está caratulado como homicidio agravado por premeditación y alevosía. Durante 6 horas, dio detalles de lo que había visto. Y particularmente, de cómo los rugbiers actuaron sistemáticamente "en equipo".

Recuerda que mientras le pegaban en el piso a Fernando, uno de los agresores hacía de campana. “El de camisa azul, que aparece en el video lavándose las manos en la cocina del boliche, era el que vigilaba constantemente si venía la policía”, señala y asegura que cuando estaban llegando las fuerzas de seguridad, “el mismo chico empezó a los gritos para irse del lugar”.

“El primero que le pegó en la cara a Fernando cuanto intentó levantarse, es el pibe de rodete. Después le siguieron pegando", añade. El rodete es la característica física por los que varios testigos reconocieron a Matías Benicelli, uno de los 8 rugbiers que están detenidos en la cárcel de Dolores.

Alejandro no duda de que la intención estaba clara: "Nunca vi que le pegaran tantas patadas en la cabeza a alguien”, dijo conmovido.

DD