Mundo

El "milagro" de los médicos del ghetto de Varsovia contra el tifus durante la ocupación nazi

El

En 1941 había ya más de 450.000 personas en el ghetto de Varsovia, una área de apenas 3,4 kilómetros cuadrados que se convirtió en la mayor cárcel de toda Europa creada por la Alemania nazi para los judíos. Allí no solo se hacinaron individuos de la capital polaca y del resto del país. También fueron deportados grupos enteros procedentes de los diferentes países ocupados.

La Solución Final, la operación de exterminio en masa ideada por Adolf Hitler, determinaba que ese ghetto fuera la última parada en el camino antes de enviar a los presos al campo de exterminio de Treblinka. En plena Segunda Guerra Mundial, cuando las duras condiciones de vida impuestas por los alemanes ya hacían casi imposible la supervivencia en ese lugar olvidado de Varsovia, llegó un enemigo inesperado: el tifus.

Las malas condiciones, la hambruna desenfrenada y una densidad de población entre cinco y diez veces mayor que cualquier otra ciudad del mundo actual convirtieron el ghetto en el caldo de cultivo perfecto para que las bacterias se propagaran y arrasaran buena parte de la población “como si fuera un incendio forestal”, señalan los investigadores en un artículo publicado en la revista Science Advances.

El ghetto de Varsovia sufrió un brote de tifus, pero gracias a la presencia de los médicos, lograron domar la expansión gracias a medidas de higiene. / Archivo Clarín

El ghetto de Varsovia sufrió un brote de tifus, pero gracias a la presencia de los médicos, lograron domar la expansión gracias a medidas de higiene. / Archivo Clarín

La epidemia, una enfermedad transmitida por piojos que es menos contagiosa pero más mortal que el Covid-19, afectó a gran escala, pero podría haber sido mucho peor de no ser por el “esfuerzo hercúleo de los médicos del ghetto”.

“Los nazis -escriben los especialistas- justificaron el genocidio supuestamente para controlar la propagación de la enfermedad. Curiosamente, la epidemia se redujo y se detuvo repentinamente antes del invierno, cuando el tifus normalmente se acelera”.

El equipo liderado por Lewi Stone, de la Universidad RMIT australiana, cree que las “intervenciones de salud pública y las prácticas de distanciamiento social son las explicaciones más probables del colapso repentino y misterioso de la epidemia, que los sobrevivientes aclamaron como un milagro”, según han determinado a partir de modelos matemáticos para reevaluar los eventos durante el Holocausto que condujeron a la liquidación del gueto de Varsovia (1941–1942).

Alrededor de 120.000 presos quedaron infectados por el tifus y hasta 30.000 murieron. A esa cifra hay que añadir, además, todos los que perecieron por inanición o una combinación de ambos factores (alrededor de 100.000). “Pero en octubre de 1941, cuando comenzaba un duro invierno y se esperaría que las tasas de enfermos se dispararan, la curva epidémica repentina e inesperadamente se hundió hasta la extinción”, apunta Stone en un comunicado.

El ghetto de Varsovia fue establecido por los nazis en la capital polaca entre octubre y noviembre de 1940. / AP

El ghetto de Varsovia fue establecido por los nazis en la capital polaca entre octubre y noviembre de 1940. / AP

”Era inexplicable en ese momento, y muchos pensaron que era un milagro”, añade. Según los análisis realizados, la epidemia iba en camino de multiplicarse por dos o por tres en el pico previsto para pleno invierno, justo antes de que desapareciera. “Afortunadamente, resulta que el gueto de Varsovia tenía muchos médicos y especialistas experimentados”, dice.

Los investigadores pasaron mucho tiempo recluidos en bibliotecas de todo el mundo buscando detalles sobre las intervenciones que se llevaron a cabo para frenar al tifus. Así descubrieron que, por ejemplo, se realizaron cursos bien organizados sobre higiene pública y enfermedades infecciosas, cientos de conferencias sobre la lucha contra las bacterias del género Rickettsi a e incluso se creó una universidad médica subterránea para jóvenes estudiantes.

Los líderes judíos fomentaron la higiene general y la limpieza de los departamentos, propiciaron el distanciamiento social –“que se consideraba de sentido común básico”, apunta Stone”- y la cuarentena doméstica no era infrecuente. “La tragedia, por supuesto, es que casi todas esas vidas salvadas -se calcula que se evitaron unas 100.000 muertes por tifus- a través de los sacrificios, la disciplina y los programas comunitarios pronto terminarían en exterminio en los campos nazis”, lamenta el investigador.

Por David Ruiz Marull. La Vanguardia