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Alberto tampoco tiene vacuna para la otra pandemia

Alberto tampoco tiene vacuna para la otra pandemia

En la mejor de las proyecciones, la vacuna contra la pandemia estaría disponible en los últimos meses del año. Se desconoce cuándo la dispondrían los argentinos. Hasta entonces, no habrá inmunidad para el coronavirus y sus daños a la salud, a las instituciones y a la economía. Corresponde preguntarse entonces si la coalición oficialista habrá conseguido antes la inmunidad política para este gobierno de varios rostros.

¿Es acaso el de Alberto Fernández, intentando persuadir en un tono casi de ruego para que se acepte el último esfuerzo, extendiendo sus brazos para abarcar a Axel Kicillof y al opositor Rodríguez Larreta un gesto simbólico de concordia y unidad? ¿O es el de ira por las reacciones al avance sobre Vicentin, cuya expropiación quedó a medio camino tras la resistencia de los que él dijo que salía a defender? ¿Acaso su cara es la de Cristina, quitándole la voz al jefe de la oposición en el Senado, en un recinto armado para simbolizar su poder intacto?

Esa multiplicidad de facetas no despierta certidumbre. Tampoco la respuesta al desastre económico que, promete, se arreglará con un pase de magia. La apuesta, dice el oficialismo, es que la “inversión pública, movilice los recursos necesarios para poner a la Argentina nuevamente de pie”. La apelación es una generalización que requiere precisiones: invoca “los recursos necesarios”, pero omite señalar el yacimiento al que de por sí presupone inagotable. El Estado exigido por la crisis y sacudido por la pandemia, ya exhausto por las urgencias sociales a atender, es presentado como la única herramienta para la recuperación. Ese deja vu del capitalismo de Estado vuelve con la tentación del ancien régime: la confusión del Estado como partido político, que refuerza aquel rasgo. Vicentin, lo confirma. El forcejeo sobre la expropiación - está en manos del juez y de Perotti- muestra la inestabilidad del equilibrio interno. Se confirma así que el Presidente y un ala del Gobierno actúan de apaciguadores frente a hechos consumados.

La poscuarentena espera con datos económicos aterradores. Algunos ya se conocieron: desempleo, incluyendo sólo los diez días del encierro de marzo, 10%. Son 2.100.000 personas, un aumento de 300.000 desde fines de 2019, cuando el país estaba ya en el abismo legado por Macri que Fernández describía con la métrica del infierno. El FMI dijo que la economía argentina caerá menos que la de España e Italia en esta crisis global. El Gobierno se aferra a esos datos para hacer creer que esa realidad nos favorece. Se trata de una ilusión óptica. No se puede comparar a naciones europeas con capacidad de rebote inmediato, con Alemania como tractor, con un país quebrado y sin crédito. Además la reconstrucción reclama una convocatoria sin egoísmos ni picardías.

Cuando se salga de este encierro, el Gobierno habrá cumplido casi ocho meses. El año pasará entre rezos para que se llegue la vacuna. Antes de las elecciones de 2021, tendrá que recoger los escombros de la economía y saber qué hacer con ellos. Luego, probar si consiguió la inmunidad electoral.