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Alberto y Kicillof en Mardel, el relato gana la escena

Alberto y Kicillof en Mardel, el relato gana la escena

Se advierte un indisimulado nuevo relato K, y este fin de semana copó la escena en Mar del Plata. Sin embargo, una aclaración necesaria: este intento de realidad K remite a Kicillof más que a Alberto F. No sorprende, el gobernador, apresurado profeta de los supuestos buenos tiempos, es el discípulo dilecto de la vicepresidenta.

El remozado relato encontró en el teatro de verano una plataforma oportuna. La secuencia la inició el empresario Carlos Rottemberg, de simpatía kirchnerista, quien afirmó que la convocatoria de espectadores había crecido 17% comparada con la temporada pasada.

Esa declaración nada inocente operó de trampolín para que desde el oficialismo se lanzaran a conquistar la tentadora idea de que la temporada explota de consumo.

Para entender, vale puntualizar unos detalles. Rottemberg se había referido a la semana entre Navidad y Año Nuevo, y justificó el dato en el mal clima (días sin playa) y la mayor cantidad de visitantes.

Resulta obvio que con el dólar turista a $82 más gente eligió (casi no tuvo alternativa) la costa. ¿Se traduce en una reactivación?

Sigamos con el ejemplo del teatro. Según cifras incuestionables (sin incluir los acuerdos con sindicatos), en la semana del 30 de diciembre al 5 de enero el espectáculo más visto fue Fátima es Mágica, con Fátima Florez, con un promedio de 360 espectadores en 7 funciones en el teatro Roxy, con capacidad para 920. Luego aparece Desnudos, la comedia, con Luciano Castro y Gonzalo Heredia, que en seis funciones convocó en promedio 336 espectadores en el teatro Neptuno, con 1000 butacas. Más atrás se ubican Moldavsky - Reperfilado, Departamento de soltero, con Cabré y Laura Fernández, y El equilibrista, con Dayub, que vendieron entre 322 y 219 entradas promedio, en salas de 1.000 a 400 espectadores. Lejos, Mentiras inteligentes, con el joven Federico Bal y Arnaldo André, reunió en cuatro funciones a 390 entusiastas en una sala de 560. Ni todos los espectadores de la semana juntos llenaban la sala.

¿Son números que justifiquen afirmaciones sobre la plata que la gente tiene en el bolsillo? ¿Alcanzan para construir la idea de una mejora en el consumo? No parece, más allá de que la mayor cantidad de veraneantes y el aumento de los precios de las entradas pueda provocar un crecimiento natural en las recaudaciones.

La prematura euforia tuvo dos voceros destacados. Javier Faroni, empresario teatral que de la mano de Sergio Massa pasó de preocuparse por los elencos a nuevo director de Aerolíneas Argentinas. En su flamante rol, bastante menos incierto en términos económicos que la actividad teatral, aseguró “hay un nuevo aire que por lo pronto hace que estemos bastante arriba en entradas vendidas respecto de las temporadas anteriores”. No en su obra El show de los cuernos, que vendió 143 entradas en 5 funciones. Igual es valorable el optimismo.

Se entiende que el funcionario le ganó al empresario.

Pero quien se distingue por su verborragia es el gobernador, abanderado del nuevo relato. “La gente tiene un mango más en el bolsillo”, aventuró. “La temporada estalla”, exageró luego. Por ahora incomprobable. Lo que sí es comprobable es la diferencia de estilos con el Presidente. En Mar del Plata, Alberto Fernández eligió transitar la corrección política del “apoyo al teatro” antes que arriesgar afirmaciones temerarias. El exceso de elocuencia de Kicillof anticipa la posibilidad de cortocircuitos en el oficialismo. Se anuncian allí estallidos más probables y preocupantes que los del verano.