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Aramburu: un cierre de grieta frustrado

Aramburu: un cierre de grieta frustrado

A medio siglo del asesinato del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, puede resultar de interés analizar un hecho que, desde la perspectiva política, dio inicio al ciclo de mayor violencia política vivido por Argentina.

En una primera impresión, los fusilamientos que tuvieron lugar el 9 de junio de 1956, como respuesta a un levantamiento militar peronista con participación de civiles, siendo presidente de facto Aramburu, aparece como la causa directa.

El relato de los propios autores así lo afirma, como en forma elocuente lo explica el libro de María O´ Donell “Aramburu”. Ante la pregunta por parte del general secuestrado sobre porqué le van a quitar la vida, le responden que es por dichos fusilamientos.

Aunque se trató de una decisión que Aramburu no tomó inicialmente sino que la convalidó y continuó -fue adoptada por el entonces vicepresidente de facto el almirante Isaac Francisco Rojas,- no dio explicación ni argumentación de porqué lo hizo frente a sus captores.

Desde esta perspectiva, se trataría de una venganza política, producida ocho días antes de que se cumplieran los 14 años de dichos fusilamientos, que profundizaron la grieta que estaba abierta entre peronistas y anti-peronistas en los años ‘50.

Es en este contexto que tiene lugar la aparición fundacional de la organización Montoneros.

Pero al mismo tiempo, Aramburu se encontraba en conversaciones con Juan D. Perón, exiliado en España, a través de su Delegado en Argentina Jorge D. Paladino, quien no era el único en este enlace, articulado por las dos figuras que encarnaban el antagonismo político más importante que había tenido lugar en Argentina en el cuarto de siglo precedente.

El presidente de facto llegado al poder en junio de 1966 era el teniente general Juan Carlos Onganía, quien aspiraba a un cambio de sistema político en el cual las elecciones serían la culminación de una transformación que implicaría un régimen corporativo, para cuyo establecimiento no tenía plazo.

Aramburu, que había seguido con interés la figura del general Charles De Gaulle, entendía que un drástico cambio de postura política, podía llegar a ser el único camino posible para superar la división de un país.

Perón, siempre atento tanto al contexto como a la coyuntura política, no dejaba de advertir las ventajas de una alternativa que le permitiera mantener un liderazgo, que de continuar el “statu quo”, podía complicarse por los enfrentamientos que habían comenzado dentro de su movimiento político.

Estas conversaciones Aramburu-Perón, eran conocidas por el entonces comandante en jefe del Ejercito, el teniente general Alejandro A. Lanusse.

Se daba así una división dentro del Ejército - de las que fueron “clásicas” en los gobierno de facto argentinos- entre un sector que buscaba la perpetración del régimen sin plazo, en este caso representado por Onganía, y el que veía la necesidad de poner en marcha un proceso de retorno negociado a la vigencia de la Constitución Nacional, liderado por Lanusse.

Desde esta segunda perspectiva, el secuestro de Aramburu fue motivado para impedir el diálogo político que se había puesto en marcha. En este objetivo, coincidía en un extremo el ala más “dura” del gobierno de facto,-en la que tenían funciones importantes notorios enemigos de Aramburu,- con sectores radicalizados del peronismo, ansiosos de impedir que se transformara en un ala del “sistema” político tradicional.

No hay un relato de protagonistas desde esta perspectiva, pero sí la existencia de nexos y vinculaciones entre ambos sectores a finales de los años 60.

Pero un hecho concreto, en los días siguientes al secuestro y asesinato de Aramburu, lo constata. El secuestro tiene lugar el 29 de mayo, Día del Ejército: ¿fue deliberada la elección de la fecha? Montoneros lo “ejecuta” tres días después, el 1° de junio, y siete días después, el 8 de junio, es destituido el presidente Onganía, por decisión de las Fuerzas Armadas lideradas por Lanusse. Todavía no habían aparecido los restos de Aramburu.

En un contexto de fuerte tensión política, Onganía había reunido a los generales en la residencia de Olivos, y pizarrón en mano explica su proyecto político con una serie de triángulos que representaban los actores de un sistema político corporativo. Lo que intentó ser su contrataque, precipitó su destitución.

Muchas cosas sucedieron en Argentina en el medio siglo que siguió. Pero el secuestro y asesinato de Aramburu, desde el punto de vista del análisis, es casi un modelo para la ciencia política: los líderes de dos fracciones que se han enfrentado duramente durante un largo tiempo llegan a la conclusión de que es necesario un acuerdo y los extremistas de ambas fracciones, coinciden en impedirlo. Pienso que eso sucedió en Argentina hace medio siglo.