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Carta a Roma

Carta a Roma

Hola Roma. Bienvenida. Los amigos de tus viejos te estábamos esperando. Es probable que leas esto dentro de 7 años, quizás. La idea es contarte cómo es eso de “venir al mundo”.

Seguro mi cara no te suene, pero hablamos por videollamada cuando tenías una hora de vida. Para ser exactos: 68 minutos. Fue un ratito después de que nos sorprendieras a todos en el grupo de WhatsApp con una foto tuya presentándote: “Hola! Soy Roma!”.

Hablamos susurrando, por eso de “silencio hospital”; no hacía falta gritar. La felicidad se notaba en tus ojitos, bien abiertos, explorando lo nuevo; en los de tu papá, que con una bata bordó, te sostenía en brazos en la primera de un millón de veces.

No te voy a mentir. Apostamos qué día nacías. Nadie acertó, llegaste el 11/9. En tu cumpleaños no vas a tener que ir a la escuela por el Día del Maestro. Bien pensado. La primicia de que llegabas me la dio mi esposa. “Roma nace hoy...”, me avisó 15:08. Su fuente era inmejorable: a los diez minutos ya estabas acá.

Quiero que sepas que llegás a un mundo que es complicado, pero sobre todas las cosas, hermoso.

Lo primero tiene que ver con que estamos en pandemia, por un virus que nos obligó a ver cómo crecías adentro de la panza de tu mamá por Zoom. Después bueno, vivimos en Argentina: hay grieta, crisis, la economía no arranca, pero no te quiero spoilear.

Eso es lo de menos, Roma. Porque vos naciste con ventaja. Sos la hija de Agus y Rodis. Nunca te van a faltar amor, risas y buenas fotos. Tampoco inviernos en Jacobacci. Abuelas que te malcríen y decenas de tíos, incluyendo los postizos (los del grupo de WhatsApp), para mimarte.

Y cuando te sientas sola, buscá en el cielo un barrilete, yo sé por qué te lo digo.