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Coronavirus en la Argentina: abrazos contra el encierro

Coronavirus en la Argentina: abrazos contra el encierro

Hay un vértigo nuevo en las imágenes casi pos apocalípticas de ciudades vacías que vemos a repetición estos días de pandemia: nos hacen sentir como algo lejanísimo, remoto, el pasado reciente.

Pero hace un mes nomás, la mayoría de nosotros iba a trabajar, se desplazaba, tenía una rutina de encuentros fuera de casa. ¿Quién hubiera anticipado entonces que hoy hablaríamos más de un coronavirus que de las vacaciones de febrero?

La vida de antes del Covid-19 cayó en el territorio de lo vintage, mientras se imponen nuevas reglas de etiqueta: las de los enmascarados que pelean contra el contagio a distancia, tapabocas y barreras sanitarias mediante.

Frente a ese entorno antiséptico, crece dentro de mi casa un rito a contramano.  "Fiestas de abrazos" lo llaman mis hijos remedando a las nutrias querendonas de Buscando a Dory, la peli de Disney Pixar en la que esos bichitos, de buenas a primeras, detienen cualquier cosa que estén haciendo para trenzarse en un amoroso cuerpo a cuerpo.

La ocurrencia me recuerda las películas de aventuras que pasaban por la tele los domingos durante mi infancia, esas en las que los marineros, trepados al palo mayor de un barco a vela, gritaban "tierra" al divisar la costa con una alegría descomunal, la del que acaba de salvar el pellejo del naufragio o de la hambruna.

Cuarentena mediante, tengo una sobrina nueva en Córdoba a la que no conozco y hace más de un mes que no veo a mi mamá. En este largo intervalo, conversamos a diario por teléfono, comentamos series, sensaciones, nos damos ánimo repitiendo que lo que nos tiene "guardados" es la salud de todos.

"Fiesta de abrazos", el ritual que hizo mundialmente conocidas a las nutrias de la película "Buscando a Dory" (Disney / Pixar).

"Fiesta de abrazos", el ritual que hizo mundialmente conocidas a las nutrias de la película "Buscando a Dory" (Disney / Pixar).

Pero nunca hablamos del futuro como si lo que nos interesara de él (¡vernos!, un tiempo sin acechanzas virales en el que volvamos a ser nosotros) quedara todavía demasiado lejos y la ilusión trajera más ansiedad que consuelo.

Para sobrellevar la cuarentena cada familia inventa un un lenguaje y un espacio propios, donde el tiempo se mide de otro modo. "Fiesta de abrazos" grita alguno de los chicos cuando ve que nuestra espera derrapa hacia el agotamiento o la solemnidad y corren a rodearme de a dos entre risas, como si volvieran a ser muy pequeños y paladearan la travesura.

Son abrazos antipánico que nos sirven a todos para serenar la angustia de tantos días iguales, anchos como el mar. Ese gesto de intimidad, que el virus volvió retro, es nuestra tierra firme.