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Crímenes, pecados e impunidad como en los tiempos más oscuros

Crímenes, pecados e impunidad como en los tiempos más oscuros

Hay dos tendencias que arraigan en lo más hondo de cada uno y de todos: el deseo de libertad por una parte, y la necesidad de cuidado y de tutela por otra parte.

Los desequilibrios hacia cualquiera de los dos polos producen anarquía, o autoritarismo, según predomine una libertad puramente egoísta que no reconozca el derecho de los demás, o una voluntad de sometimiento total, que borre cualquier esbozo de emancipación.

En estos momentos dramáticos para el mundo, esa puja, libertad total o total tutela, se acentúa en su pendularidad y, por momentos, se vuelve efectivamente extrema. Aparecen libertarios ilimitados que refutan la cuarentena y toda forma de control social y, por oposición, irrumpen los que pretenden un Estado absoluto y absolutamente controlador.

El equilibrio es el gran desafío.

El cronómetro retrospectivo que precisa el fin de la pandemia es in hallable. Nadie puede anticipar cuánto falta para que esto concluya.

Podría elaborarse un teorema elemental socio político del coronavirus: a mayor extensión e intensidad de la peste, mayor posibilidad de abuso de poder.

En San Luis, Florencia Magalí Morales, de 39 años, en Santa Rosa del Conlara primero, y luego Pablo Maranguelo, de 16 años, en Villa Mercedes, aparecieron muertos en sendas comisarías tras ser detenidos (presuntamente) por haber transgredido la cuarentena.

Florencia y Pablo habrían aparecido ahorcados, macabra coincidencia, en sus respectivas y distantes celdas.

¿Hay torturas y muerte hoy en ciertas guaridas estatales en la Argentina?

¿Hoy?

Hay horrores que van yaciendo en la penumbra bajo el telón de la pandemia que los cubre y encubre bajo el fundado y a veces enceguecedor miedo generalizado al virus. El Juzgado de Familia y Menores a cargo de Mariana Sorondo Ovando de Villa Mercedes rechazó en primera instancia el habeas corpus pertinente en el que se solicitaba el cese, por parte de integrantes de las fuerzas de seguridad de la Provincia de San Luis, de prácticas privativas de la libertad en dependencias policiales a niñas, niños y adolescentes.

La jueza es la misma que estuvo en la comisaría cuando se constató allí la muerte de Pablo.

El chico tenía 16 y como en los tiempos más tenebrosos irrumpen esos Habeas Corpus rechazados. Hay irregularidades en los sumarios y omisiones en las respuestas policiales frente a estos horrores.

A la vez, la familia de Morales pide una segunda autopsia, teniendo en cuenta la prisa y las presuntas irregularidades para analizar debidamente el cuerpo de Florencia, pero las autoridades judiciales consideraron que el costo del eventual nuevo procedimiento debe pagarlo la familia de la víctima. Es gente muy humilde, enlutada y sin justicia En Los Polvorines,en la provincia de Buenos Aires, una mujer policía fue violada en manada por bestias identificadas.

La policía también es el Estado. El Estado no es una panacea regida exclusivamente por los justos. Tampoco es, por supuesto, una organización solo conformada por malvados, pero ciertamente, no constituye el abracadabra que habrá de librarnos de todo mal.

¿Quién controla al Estado?

La Oficina Anticorrupción que desistió de las acciones penales contra la vicepresidenta por las escandalosas causas de Los Sauces y de Hotesur abrió otro agujero negro en el aparato estatal y en sus agencias asociadas. Ha desistido de su esencial tarea de control.

La abyección también es el Estado y sus adyacencias.

Las plagas atraen otros males adheridos a la muerte que ronda: el nacionalismo salvacionista, el oportunismo, el cálculo político personalista y cierta burocracia enredadísima que habilita corrupciones, sobreprecios y estafas capitalizando el vértigo de la enfermedad universal.

La Argentina profunda, tantas veces ponderada, está al margen del escrutinio cívico con demasiada frecuencia. Hay cuevas inexploradas donde los crímenes sin castigo se siguen perpetrando, hay narcotráfico, hay señoríos y servidumbres consentidas, hay hambre y demagógicas solidaridades.

Hay Estados opacos, inmunes a toda forma de transparencia que se multiplican en los inescrutables espacios feudales que abundan. Y esas perversiones son tan profundas como la historia de los crímenes públicos.

El amplio espectro de los privados tampoco es inmaculado, desde luego. Un médico impostor ofrecía una cura para el coronavirus por televisión, y obtenía difusión y dinero.

La vida continúa. La farsa de muchos continúa. Los crímenes amparados de los feudos no cesan. Y la peste no se va.

Cuando desaparezca, las injusticias de la Argentina profunda continuarán abiertas como cicatrices sangrantes.