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El juez que se entusiasmaba demasiado

El juez que se entusiasmaba demasiado

Federico Villena es un juez con dos padres o, si se prefiere una fórmula más delicada, un juez con dos padres políticos: La Cámpora y el macrismo. Contada por el final, la historia de Villena es la historia de un juez que con entusiasmo investigaba al macrismo después de haber favorecido con entusiasmo al macrismo. Pero lo corrieron.

En el medio quedó un raid de allanamientos y una veintena de ex espías detenidos. Y un espectáculo insólito: el desfile por Tribunales de esos agentes secretos a cara descubierta. Una degradación de la Ley de Inteligencia. Casi tan pesado o igual de pesado que aquella fotografía del súper espía Stiuso que Béliz mostró antes de que Kirchner lo echara de su gobierno.

Vale todo como que esos u otros espías declaren bajo reserva en la Comisión Bicameral de seguimiento de los servicios de Inteligencia y luego la misma comisión levante la reserva y ventile lo que ellos declaran. Cualquier semejanza con la CIA, el Mossad o la KGB es una joda de Tinelli, del Tinelli de hace años.

Villena fue juez cuando se iba Cristina y llegaba Macri. Lo nombró en Moreno Julián Alvarez, de La Cámpora y enseguida con Daniel Angelici, del macrismo, pasó a jugar en primera como subrogante en Lomas de Zamora, que no es Comodoro Py pero se le parece. Es un juzgado codiciado y es un arma política. En realidad, la mitad del ascenso se lo debe a Silvia Majdalani: la número dos de la AFI dejó vacante el juzgado de Lomas mandando a quien lo ocupaba, Alberto Santa Marina, como delegado de la AFI en España.

¿Qué ayuda le daba Villena al macrismo? Sobre todo dar el OK a la AFI para hacer seguimientos y escuchas. Cobertura legal para tareas ilegales. Una de las más resonantes: autorizar grabaciones a narcos en el penal de Ezeiza que usaron para grabar a kirchneristas presos. Otra, vigilar movimientos en el Instituto Patria, el bunker del cristinismo.

Villena pasó de ayudar al macrismo a ayudar al cristinismo. Y en su nuevo papel, se puso a investigar a los espías de Macri. Abogados de esos espías lo recusaron por falta de imparcialidad y la Cámara de La Plata les dio la razón y lo sacó del caso. Villena ya venía barranca abajo. Le habían quitado el capítulo de la causa que disparó toda la investigación: el atentado contra José Luis Vila, un cuadro histórico de la inteligencia radical. Y encima empezaron a lloverle críticas desde el corazón del cristinismo. La Cámpora le bajó el pulgar.

En el afán de seguir al frente de la causa, Villena se pasó de rosca. Hizo detenciones a diestra y siniestra y apuntándole a Macri detuvo a una de sus ex secretarias y hasta allanó la casa de los padres de otro ex secretario de Macri, Darío Nieto. Apresó a un escuadrón completo de agentes pero no llamó a Majdalani, la jefa de todos ellos. Códigos son códigos, amigos son los amigos.

Todo el mundo sabe que lo que retumba en esta causa es ruido político. ¿Cuál era la próxima estación del juez? ¿Ir sobre el periodismo? ¿Y sobre periodistas que investigaron la corrupción kirchnerista? Demasiados favores juntos y demasiado evidente. Aún entre nosotros.