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En un hospital de Malvinas Argentinas, bailar el tango es la terapia preferida de un grupo de pacientes

En un hospital de Malvinas Argentinas, bailar el tango es la terapia preferida de un grupo de pacientes

Mientras Osvaldo Pugliese viste la tarde con sus melodías, ellos desandan la pista y exhiben sus sonrisas. Sus sábados se convirtieron en ese día donde el tango borra la tristeza y calma la amargura. La mayor parte del grupo padece artrosis, algunos Parkinson​ y otros simplemente quieren aprender a bailar. En Malvinas Argentinas la tangoterapia no conoce barreras.

En un rincón del Hospital Municipal de Rehabilitación Arnoldo Drozdowski resuena la música de Aníbal Troilo, Carlos Gardel y Juan D’Arienzo. Sin importar las dificultades, los pacientes se dejan llevar por los compases y aportan sus vivencias.

“Al principio el grupo era un poco reacio, porque no se conocía, hasta que empezaron a conectar y se produjo la magia. Se formaron vínculos muy fuertes entre las parejas”, dice Karina Caregnato, una de las profesoras del curso abierto a toda la comunidad.

Desde marzo que la exparticipante de Bailando por un Sueño​, el exitoso programa de Marcelo Tinelli por El Trece, lleva adelante las clases junto al doctor Humberto Calderón. Ambos guían a más de 30 alumnos para que se conecten consigo mismos y tomen registro de su cuerpo.

Además, la disciplina trabaja psicológicamente desde el cambio de roles: “Hay que dejarse llevar por la música y por quien te acompaña”, explica Karina.

Después de bailar el tango, docente y pacientes en el hospital Arnoldo Drozdowski.

Después de bailar el tango, docente y pacientes en el hospital Arnoldo Drozdowski.

Y en ese trayecto cada paciente recibe un trato particular, ya que se les enseña de acuerdo a su discapacidad. Esto genera que el Parkinson, la rigidez y otros impedimentos queden de lado.Como sucedió con Federico, que a pesar de su enfermedad y de medir 1,90 metro pudo superar su miedo. “Fue milagroso cómo aprendió. El curso lo cambió, hasta se puso de novio con una compañera”, recuerda Humberto.

Paso a paso, cada mañana se vuelve imborrable. Son las 11 y mientras el especialista pone un tema, los alumnos se van preparando. Aurora, a sus 73 años, comienza con los ejercicios de calentamiento y se prepara para bailar con su compañero, su nieto de apenas 10 años.

No sólo comparten la clase, sino también crean un recuerdo inolvidable. La alegría y la emoción pueden verse en las lágrimas que bajan por su mejilla al terminar el tango.

Cada canción genera algo en cada uno y clase a clase los “bailarines” se entusiasman más. Tal es el caso de Tomi, un joven autista de 22 años, quien junto a su mamá Clarisa se dan el gusto de practicar hasta en su casa. “Algunos incluso piden ir a una milonga”, revelan Calderón.

Pero los beneficios del tratamiento no se ven sólo en el ánimo de los pacientes: ayuda también a que tengan buena postura y no se encorven. Además, ejercitan la memoria y la mantienen activa. Se sienten contenidos al compartir con otros que tienen el mismo problema. Y, tal como explica Karina, “cambiaron su realidad porque tuvieron el ánimo de hacerlo”.

DP

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