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La organización del cuidado como determinante de la desigualdad

La organización del cuidado como determinante de la desigualdad

Esta semana, la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para la Argentina organizó un seminario sobre economía informal y uno de los paneles fue sobre "Economía del Cuidado". Lo que planteó la OIT es que “apostar por la formalización y el trabajo decente en el sector del cuidado es una inversión crucial para avanzar hacia la igualdad de género, pues permitiría mejorar las condiciones de trabajo del 33% de las mujeres ocupadas en Argentina, incluyendo el 75% del millón de trabajadoras domésticas que todavía se encuentran en la informalidad”. Hace años que los movimientos de mujeres sostienen que la organización del cuidado es un determinante de la desigualdad. La economía feminista viene marcando la necesidad de visibilizar el rol del trabajo doméstico, incluso de hablar de exploración de las mujeres, tanto por el sistema capitalista como al interior de los propios hogares. “Eso que llaman amor es trabajo no remunerado”, se lee en los carteles de las marchas de mujeres. El “cuidado” incluye hijos, padres, personas con discapacidades, también hacer compras, limpiar, cocinar, y muchos etcéteras. Este rol invisibilizado por años cumple una función esencial en las economías capitalistas: la reproducción de la fuerza de trabajo. Pero estas tareas de cuidado van en detrimento de su autocuidado, de la posibilidad de acceder a estudios superiores, trabajos mejor remunerados y puestos jerárquicos. Con esta organización social del cuidado se reproducen las desigualdades, que muchas veces ya se dan en niñas que se ven obligadas a dejar la escuela para “ayudar” a sus madres. Pero esta supuesta “capacidad natural” de las mujeres es una construcción social funcional al patriarcado, y a los gobiernos que se desentienden de su función delegando esta responsabilidad en los hogares. Faltan políticas públicas, crear empleos formales y decentes, centros de cuidado, estudio y recreación para niños y adultos mayores. Sólo así habrá sociedades más igualitarias.