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Las clases magistrales del profesor Fernández

Las clases magistrales del profesor Fernández

“Se va a licitar un sistema de vuelos espaciales, desde una plataforma que quizás se instale en la provincia de Córdoba. Esas naves espaciales, con todas las comodidades habidas y por haber, van a salir a la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera, y desde ahí elegir el lugar adonde quieran ir. De tal forma que en una hora y media podremos estar desde Argentina en Japón, Corea, o en cualquier parte del mundo. Y, por supuesto, los vuelos hacia otros planetas...”. Era 1996 y el entonces presidente Carlos Menem inauguraba el ciclo lectivo en una escuela de Salta. El estupor se reflejaba en las caritas de los alumnos, y se extendió al resto del país, pero la cosa no pasó de ahí: ni Japón, ni Corea ni la NASA consideraron que hiciera falta pedir aclaración alguna. Tampoco Grecia, -a pesar de que el riojano se jactó de tener como libro de cabecera las obras completas de Sócrates, siendo que el filósofo nunca publicó obra escrita-, ni España, cuando atribuyó a Atahualpa Yupanqui los versos de Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. A su turno también Cristina Kirchner tuvo su lapsus con las letras ibéricas al confundir al Quijote con Cervantes y reinterpretar después una frase, la de “Ladran, Sancho...” que en rigor no está en la obra original sino en el guión que escribió para el cine Orson Welles. Que un lapsus cultural lo tiene cualquiera quedó en evidencia cuando el año pasado, al inaugurar el Congreso Internacional de la Lengua Española en Córdoba, el rey de España, Felipe VI, se refirió a Borges como José Luis, en vez de Jorge, error que había cometido ya Mauricio Macri siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad. JLB parece no tener suerte: a poco de asumir, en el lanzamiento del Plan Nacional de Lecturas, Alberto Fernández sostuvo que, siendo su poesía maravillosa, el escritor era reconocido por sus novelas, género en el que nunca incursionó.

El furcio literario del Presidente no pasó a mayores. Otra clase de furcios, con repercusiones y desmentidas en el exterior, llegarían después. El último tiene apenas unos días. En su afán por justificar el Decreto de Necesidad y Urgencia que declara servicios esenciales a Internet, telefonía y TV paga, congela sus tarifas hasta fin de año y abre la puerta a un virtual control de sus contenidos, Fernández cuestionó las críticas que se alzaron y dijo: “Piensan que la Argentina se vuelve Venezuela porque regula derechos en favor de la gente. Me considero admirador de dos países, por cómo funciona el Estado : Noruega y Finlandia. En esos dos países estos son servicios públicos. Antes que digan que somos Venezuela, ojalá nos parezcamos a Noruega o a Finlandia, pero eso no lo cuentan”. A través de su embajada en Argentina, la desmentida de Finlandia no tardó en llegar: en ese país, se aclaró, el Gobierno no fija los precios de Internet, la telefonía, ni la TV paga. Para agregar que “el mercado finlandés en general se basa en la competencia abierta entre sus actores, lo que propicia un clima de mayor elección y precios competitivos para los consumidores”.

Entusiasta de las filminas, y adoptando un tono didáctico y a veces hasta condescendiente con sus ciudadanos- discípulos, como si en vez de dar un mensaje al país estuviera impartiendo una clase en la facultad, de la mano de la pandemia el Presidente ha cosechado mentises, reclamos diplomáticos y aclaraciones, de países tan disímiles como Suecia, Paraguay, España y Chile. Al referirse a los muertos por coronavirus en ese país difundidos por Fernández, en un gráfico con errores en el porcentaje de población considerada, y que aparecían como superiores a las de Argentina, el presidente Sebastián Piñera remarcó que su país tenía otra política y hacía más testeos. Y remató con un “Me recuerda una frase de Serrat: ‘Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio’”. Casualmente, la misma que Alberto F. acaba de destinar a los dirigentes de Juntos por el Cambio, furiosos por otra polémica afirmación presidencial: “ A la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Macri”.

Chicanas al margen, y por no hablar de las desmentidas que a su turno recibieron Axel Kicillof y su ministro de Salud Daniel Gollán de España (Barcelona) y Brasil, por afirmaciones sobre el manejo de la pandemia, cuesta entender cómo al Presidente le pueden hacer llegar tantas informaciones erradas en temas tan sensibles. A menos que se trate de funcionarios formados por las maestras que en la Televisión pública no lograron multiplicar correctamente 4,35 x 10.