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Los síntomas físicos del amor: las mariposas en la panza existen

Los síntomas físicos del amor: las mariposas en la panza existen

Las “mariposas en la panza” o el “sentirse en la nubes” pueden resultar frases conocidas, quizás algo cursis y hasta de poca veracidad para los más incrédulos. Sin embargo, a la hora del amor​, los síntomas físicos existen y la ciencia los confirmó.

Una serie de cuestiones donde intervienen distintos órganos del cuerpo dan lugar a sensaciones típicas de los amantes. “Existen respuestas fisiológicas asociadas a lo que llamamos enamoramiento. Hay cambios que ocurren en el cuerpo y en el cerebro y tienen que ver con la acción de diversas sustancias. En el cerebro, un neurotransmisor importante en la generación de la sensación de estar enamorado es la dopamina. Participa de los circuitos del placer y es en parte responsable de que queramos estar con la otra persona permanentemente”, dijo a Entremujeres Clarín el doctor Pedro Bekinschtein, biólogo investigador del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INCYT, de triple dependencia: Universidad Favaloro, Fundación INECO y CONICET). Y para que no queden dudas, aclaró: “Durante el enamoramiento el cerebro se baña de dopamina”.

“Existen respuestas fisiológicas asociadas a lo que llamamos enamoramiento", dice el doctor Pedro Bekinschtein. Foto: Shutterstock.

“Existen respuestas fisiológicas asociadas a lo que llamamos enamoramiento", dice el doctor Pedro Bekinschtein. Foto: Shutterstock.

Pero este neurotransmisor no es el único protagonista ni responsable de las tan comentadas actitudes que acostumbramos adoptar al enamorarnos: también hay que señalar a la oxitocina. Según el especialista, “se trata de una hormona que también es liberada en el cerebro y participa de los mecanismos de apego”. Esta sustancia “actúa más que nada en etapas más tardías del enamoramiento, cuando se forman relaciones que duran más tiempo”.

Una serie de cuestiones donde intervienen distintos órganos del cuerpo dan lugar a sensaciones típicas de los amantes. Foto: Shutterstock.

Una serie de cuestiones donde intervienen distintos órganos del cuerpo dan lugar a sensaciones típicas de los amantes. Foto: Shutterstock.

El investigador mencionó que también hay un aumento en la serotonina que, “en general, hace que estemos de mejor humor”. Otro incremento se da en el cortisol, lo que puede derivar en que se cometan más actos impulsivos así como provocar procesos de estrés.

Pero la gran sorpresa, a la hora de ciencia y amor, la dan las famosas “mariposas en la panza”. No es que tengamos lepidópteros en el vientre, pero sí podemos sentirlos. ¿Por qué? Bekinschtein explicó que “en las primeras etapas del enamoramiento los encuentros con la otra persona generan respuestas fisiológicas asociadas a actividad del sistema nervioso simpático, el cual controla funciones cardíacas, respiratorias y digestivas, entre otras. El sistema simpático se activa en situaciones amenazantes, aumentando la frecuencia cardíaca y llevando sangre a los músculos de las piernas y los brazos para luchar o huir”. En ese sentido, el biólogo añadió que “la sangre se va de zonas del sistema digestivo y la falta de irrigación produce esta respuesta que llamamos de ‘mariposas en el estómago’”.

Los síntomas físicos del amor: las mariposas en la panza existen. Foto: Shutterstock.

Los síntomas físicos del amor: las mariposas en la panza existen. Foto: Shutterstock.

El fin del amor, por su parte, tampoco es gratuito en el cuerpo humano. Las penas de los amantes pueden ocasionar los efectos contrarios a aquellos que sintieron en sus mejores etapas. “Las rupturas pueden producir los efectos opuestos como, por ejemplo, una disminución en la liberación de dopamina y de serotonina que afectan la manera en la que disfrutamos de la vida y nuestro humor en general”, detalló el especialista. Por otra parte, mencionó que “los mecanismos de estrés, actuando en forma constante, también pueden interferir con los mecanismos de pensamiento”.

Las penas de los amantes pueden ocasionar los efectos contrarios a aquellos que sintieron en sus mejores etapas. Foto: Shutterstock.

Las penas de los amantes pueden ocasionar los efectos contrarios a aquellos que sintieron en sus mejores etapas. Foto: Shutterstock.

Pero aparentemente la ciencia también confirma que “no hay mal que dure cien años”. Así, Bekinschtein concluyó de modo optimista: “En algún momento el cerebro vuelve a un balance químico aceptable para continuar con la vida y, eventualmente, volver a enamorarse”.