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Misterio: miles de bolas de musgo se mueven en rebaño y la ciencia aún busca desentrañar el enigma

Misterio: miles de bolas de musgo se mueven en rebaño y la ciencia aún busca desentrañar el enigma

Las imágenes son hermosas y parecen formar parte de un paisaje gélido y su vez acogedor. Al principio uno podría imaginar que son piedras cubiertas por algas con clorofila.

Pero de cerca se advierte que son bolas de musgo de consistencia húmeda y esponjosa al tacto. La ciencia ya las tipificó como “ratones de glaciar” y se mueven. Y no sólo eso: además se mueven todas juntas como si fuese un rebaño, y en la misma dirección.

Los ratones de glaciar deben su nombre a su hábitat. Existen en Islandia, Noruega, Argentina, Chile o todo país donde haya, precisamente, un glaciar. Se los conoce desde los años '50 pero al día de hoy siguen fascinando a los científicos de todo el mundo.

Las colonias vegetales se forma alrededor de los sedimentos e impurezas de los ríos de los glaciares.

Las colonias vegetales se forma alrededor de los sedimentos e impurezas de los ríos de los glaciares.

La colonia vegetal se forma alrededor de los sedimentos e impurezas que estos ríos de hielo arrastran a su paso, y son el hábitat de una larga lista de pequeños invertebrados, pero no no se sabe mucho más sobre ellos.

Unos 30 ratones glaciares fueron cableados y sus movimientos fueron monitoreados durante años.

Unos 30 ratones glaciares fueron cableados y sus movimientos fueron monitoreados durante años.

Esa fascinación por saber más llevó a Tim Bartholomaus y Sophie Gilbert, expertos de la Universidad de Idaho y a Scott Hotaling, de la Universidad de Washington, a estudiarlos desde en 2006 en Alaska. Y a fines de abril de este 2020, sus conclusiones fueron publicadas en la revista Polar Biology.

La consistencia de los ratones de glaciar es húmeda y esponjosa.

La consistencia de los ratones de glaciar es húmeda y esponjosa.

Según pudo saber, los ratones de glaciar se mueven a una velocidad que puede alcanzar los dos centímetros diarios. En realidad el movimiento es necesario para la supervivencia de la planta, porque de no hacerlo el musgo que queda debajo moriría por falta de luz y no es así, ya que es una perfectamente verde.

Scott Hotaling, uno de los científicos que participó de la investigación.

Scott Hotaling, uno de los científicos que participó de la investigación.

Lo que aún no ha podido desentrañar Bartholomaus ni sus dos compañeros coautores del estudio, ni tampoco ningún otro científico, es saber cómo se mueven. Sus patrones de movimiento cambian con las estaciones, pero no se ajustan ni al flujo del glaciar ni a la dirección del viento. La hipótesis principal es que la bola de musgo protege el hielo bajo ella, lo que evita que se funda y crea un pequeño pedestal de hielo. Con el tiempo, la bola rueda desde el pedestal. Para tratar de llegar al fondo de la cuestión, los investigadores marcaron la posición de 30 ratones de glaciar en Alaska y siguieron su movimiento durante 54 días en 2009. Después regresaron en 2010, 2011 y 2012.

Los ratones de glaciar pueden tener una circunferencia de 30 centímetros.

Los ratones de glaciar pueden tener una circunferencia de 30 centímetros.

¿El resultado? Punto 1: las colonias de estas bolas viven más de lo que se creía. Sobreviven entre cinco y seis años, pero podría haber ejemplares aún más antiguos. En cuanto a la hipótesis del pedestal de hielo, resulta que no explica por sí sola el movimiento de los ratones de glaciar. De hecho, si fuera cierta las bolas de musgo deberían haberse movido en diferentes direcciones al caer de sus pedestales. Punto 2: los ratones de glaciar se mueven en grupo a misma velocidad y dirección. Y esa dirección no concuerda con la pendiente del terreno, ni con la dirección de los vientos, ni con la posición del Sol.

Ante la intriga que deja esta ventana abierta, a Bartholomaus, Hotaling y Gilbert, así como a toda la ciencia, no le queda otro camino para desentrañar el misterio: seguir investigando.