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Por qué la escuela rural debería volver a clase presencial

Por qué la escuela rural debería volver a clase presencial

Por Lic. Victoria Zorraquín, profesora, investigadora y escritora especializada en Educación

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A cien días del aislamiento social, preventivo y obligatorio, queda claro que nada puede reemplazar en un cien por ciento a las clases presenciales. ¿Por qué? Porque los alumnos van a la escuela para vivir el encuentro con sus compañeros, para interactuar y compartir vivencias con otros. Recibir contenidos es importante, pero definitivamente, no es el único aspecto fundamental de estar en la escuela.

En Argentina existen más de 21 mil escuelas en zonas rurales, es decir, cerca de 900 mil chicos y chicas estudiando en la ruralidad en distintos niveles de escolaridad. Se trata de un número significativo de jóvenes que hoy no están acudiendo a sus escuelas, y la mayoría tiene muchas dificultades para poder seguir las clases a distancia, de forma remota. La conectividad en las zonas rurales no ayuda, los recursos de estas familias son muy pobres como para poder satisfacer las condiciones mínimas y necesarias que se requiere para seguir estudiando a través de un dispositivo tecnológico.

Al inicio de este estado de emergencia sanitaria, los educadores de todo el país pensaban cómo iban a hacer para garantizar la continuidad del ciclo lectivo a sus alumnos, en los diferentes niveles y realidades sociales. Lo cierto es que la educación rural está más acostumbrada a ver interrumpido sus jornadas a raíz de temporales y caminos anegados que dificultan el acceso a los establecimientos escolares. Es habitual ver a los alumnos (y docentes), recorrer grandes distancias para llegar a la escuela rural, y en otras oportunidades, no les queda otra opción que implementar sistemas de alternancia dado que es imposible llegar al colegio.

Es por ello, que el aislamiento no es nuevo para la educación rural, pero en esta oportunidad, al conversar con muchos docentes y directivos del campo, es cada vez mayor la preocupación por la falta de conexión de los chicos. Aún teniendo buena señal y dispositivos para participar de las clases, no lo hacen, y en el mejor de los casos colocan una foto de perfil durante los encuentros virtuales, pero no intervienen ni para decir ‘buen día’. Según la familia, el principal motivo que alegan los jóvenes para no unirse a las clases virtuales es que no van a obtener la promoción, es decir, no van a egresar. ¿Cómo interesarlos? ¿Cómo hacer que los alumnos se conecten a las clases más allá de la promoción del año?

Todos ya sabemos a qué van los chicos y chicas a la escuela, lo sabíamos desde mucho antes de la cuarentena. Es un secreto a voces. Van para tener encuentros humanos, y no para recibir contenidos. Lo que está pasando ahora es la confirmación de que la escuela tal cual como la conocemos desde hace 200 años ya no es funcional, no interesa ni cautiva a los más jóvenes.

Por momentos es como estar adentro de una caja de la locura, porque un sistema roto entra en una fase de locura, de pérdida de percepción de la realidad. Docentes y profesores se están esforzando y buscando cien mil alternativas para que los alumnos se interesen en Física, Química, Geografía, Matemática, Historia, entre otras asignaturas tradicionales. Les mandan actividades, los convocan a encuentros virtuales y los alumnos del otro lado de la pantalla continúan en sus mundos, sumidos en una gran tristeza. La vivencia de los docentes es muy clara, se encuentran con chicos y chicas que están desinteresados y ‘deprimidos’.

En la ruralidad la soledad es mayor, y para un alumno de escuela rural y agraria, ir a la escuela es la posibilidad de salir de sus casas y estar con pares, -esto que parece algo sencillo, no es tan fácil para los que viven en el medio del campo o en parajes pequeños. Para esos alumnos la escuela es todo.

Hoy, conectarse para aprender contenidos no parece ser atractivo para estos alumnos. Necesitan encontrarse, hablar de ellos mismos, de lo que están viviendo. Necesitan conectarse con chicos y chicas de otras provincias, ciudades, países, y analizar como van a tener su egreso en otros lugares. Necesitan la posibilidad de enamorarse de algún proyecto, de algún nuevo sueño, ya que los que tenían están dormidos.

No tengo dudas que la ruralidad debería tener una vuelta a clases presenciales antes de las vacaciones de invierno, un regreso escalonado, programada, con protocolos. Encuentros breves, de pocos alumnos, que planteen para ellos proyectos desafiantes. Si logramos que en este mes los alumnos se vuelvan a ver por grupos, -con distanciamiento y medidas de seguridad-, habremos sumado algo para sanar sus sueños.

Los chicos y chicas necesitan volver a conectar con sus pares pero en forma presencial y no a través de la caja del zoom, ellos reclaman en silencio volver a reencontrarse con sus compañeros, y desde allí se podrá volver a trabajar el interés por los contenidos. Sin el encuentro humano el aprendizaje parece haber desaparecido.