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Qué pasó después del 25 de Mayo

Qué pasó después del 25 de Mayo

El 26 de mayo de 1810, el cura párroco Tomás Javier Gomensoro, del pueblo de Soriano, en la Banda Oriental, que seguía en manos españolas, asentaba con fina ironía en el libro de defunciones: “El día 25 de este mes de mayo, expiró en esta provincia del Río de la Plata la tiránica jurisdicción de los virreyes, la dominación déspota de la península española y el escandaloso influjo de todos los españoles. De este modo se sacudió el insoportable yugo de la más injusta y arbitraria dominación y se echaron los cimientos de una gloriosa independencia que colocará a las brillantes Provincias de la América del Sud en el rango de las naciones libres y le dará una representación nacional a la par de los grandes y gloriosos imperios del Globo. ” (1)

A los pocos días el cura Gomensoro fue separado de su parroquia.

Del otro lado el Río, la flamante Primera Junta pronto comprendió que se hacía indispensable llevar los objetivos revolucionarios a otros pueblos como así también asegurar su propia supervivencia ante la certeza de que la Corona española no se quedaría de brazos cruzados.

Se lanzó una suscripción para reunir fondos para financiar las campañas. Moreno donó seis onzas de oro. Belgrano, Matheu y Larrea, renunciaron a sus sueldos de vocales.

Semanas después en la recién fundada Gazeta de Buenos Ayres aparecieron las listas de donantes: gente del pueblo pobre, “los que nada tienen, todo lo dan por la revolución”, dijo Castelli.

“La esclava María Eusebia Segovia, con licencia de su amo, ha donado un peso fuerte y se ofrece como cocinera de las tropas.”

“El pardo Santos González de 10 años de edad, dona 4 reales.”

Juan Reynoso se compromete con todos sus bienes y su persona para lo que estime la Junta.”

“El niño Pedro Agüero de 9 años, obló 2 pesos y, con permiso, ofertó su persona para el servicio que le permitan sus tiernos años.”

“Juan José Gómez obló un peso y su par de zapatos para que sirvan a algún soldado, también se compromete a dar 4 reales mensuales por espacio de 4 meses.”

Decía Moreno en la misma Gazeta comentando estos avisos: “Causa ternura el celo con que se esfuerza el Pueblo para socorrer al Erario en los gastos precisos para la expedición. Las clases más pobres de la Sociedad, son las primeras que se apresuraron a porfía a consagrar a la Patria una parte de su escasa fortuna: empezarán los ricos las erogaciones propias a su caudal y de su celo, pero aunque un comerciante rico excite la admiración por la gruesa cantidad de donativo, no podrá disputar ya al pobre el mérito recomendable de la prontitud de sus ofertas.”

Al iniciarse las campañas de independencia algunos esclavos fueron incorporados a las filas patriotas. Muchas familias, de las llamadas “patricias”, prefirieron enviar a los esclavos de la casa a pelear antes que a sus hijos y así fue que en la mayoría de los ejércitos de la revolución se destacaban los soldados negros. Claro que no sólo por su color sino por su coraje y valentía en defensa de la libertad.

Comenzaba a romperse un sistema en el cual, según Mariquita Sánchez de Thompson, “La ignorancia era perfectamente sostenida. No había maestros para nada, no había libros sino de devoción e insignificantes, había una comisión del Santo Oficio para revisar todos los libros que venían, a pesar que venían de España, donde había las mismas persecuciones”. (2)

La Revolución estaba en marcha. Quedaba todavía por ver por qué caminos tomaría.

Citas:

1. A.J.Pérez Amuchástegui, Crónica Histórica Argentina, Bs.As. Codex, 1968.

2. Mariquita Sánchez, Recuerdos del Buenos Aires Virreinal, Bs.As., 1953.

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