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Rompecabezas del desarrollo en la era de las plataformas

Rompecabezas del desarrollo en la era de las plataformas

El 22 de mayo se aprobó en el Senado la Ley de Economía del Conocimiento por unanimidad. Se trata de una extensión de los beneficios fiscales de la Ley de Promoción de la Industria del Software promulgada en 2004 y una ampliación a más actividades. Un triunfo de lobby de empresas nacionales aliadas a multinacionales exportadoras de servicios.

Extraño consenso nacional en un momento de grandes e irreconciliables divisiones políticas. No está claro si esta Ley representa esa idea de futuro que le cuesta explicar al oficialismo contrariado por la inflación o la continuidad de políticas de estado que quiere atesorar la oposición cuando sus protagonistas deben presentarse en tribunales.

Esta Ley llegó justo para mantener en pie la bandera de las políticas de ciencia y tecnología. Maltrecha por la degradación del Ministerio a Secretaría y el caso reciente de la científica Marina Simian, que luego de su aparición mediática en Quién Quiere Ser Millonario y una entrevista a solas con el Presidente, logró apenas aliviar el desfinanciamiento de la ciencia por la devaluación y el ajuste.

El problema no fue la escasez de dinero sino la falta de liderazgo. Como ya había tuiteado en 2016 Mariana Mazzucato, especialista mundial en innovación, después de hablar con el presidente, no estamos seguros que el gobierno alguna vez haya entendido el rol del Estado en la innovación.

Liderazgo que tampoco encontramos en el legislativo. Miguel Pichetto pidió “más Mercado Libre y menos cartoneros” en tanto el Senador Bullrich llamó a “construir una política activa (..) que generen una Argentina con dignidad, con integración, con inclusión, y con una mirada que no deja a nadie afuera”. Definitivamente aspiraciones exageradas cuando las estimaciones oficiales solo prometen 215.000 nuevos empleos. Los senadores no explicaron cómo se formarán los cartoneros si la ley no contempla becas, y mucho menos una reedición de la Revolución Educativa de Bullrich.

Siendo testigos del rol de los gigantes tecnológicos en la guerra comercial de nuestro tiempo (EE.UU. vs. China) conviene preguntarnos: ¿estamos haciendo lo suficiente?, ¿solo con más de lo mismo alcanza? Si para Wall Street los unicornios argentinos lo hacen tan bien, por qué todavía como sociedad no les sacamos todo el provecho potencial.

Nuestras políticas de desarrollo son estamentales. Pensadas por la clase media para la clase media. Dejamos al resto a merced del pensamiento mágico (el nuestro). La Economía del Conocimiento es mucho más de lo que imaginamos. Es una realidad para todas las clases sociales. Para millones de consumidores, por ejemplo, es una página que les permite chequear un precio. Se convirtió en la última línea de defensa de la economía o el negocio familiar. Sin embargo estamos muy lejos de asegurar los beneficios del comercio electrónico de forma equitativa para todos.

La mayoría de los PyMEs carecen de las competencias digitales para operar, tanto dueños como empleados. Tampoco disponen de redes logísticas distribuidas que conecten al interior sin pasar por Buenos Aires. Mucho menos saben cómo aplicar inteligencia artificial o industria 4.0. Pero que esto suceda no es responsabilidad de la plataforma sino del Estado, así como es responsable de autopistas y viaductos y de la reducción de la brecha digital.

El próximo gobierno sin dudas se enfrentará al desafío de descifrar el rompecabezas del desarrollo de la era de las plataformas. Deberá encontrar patrones entre piezas tan distintas como: Plataformas, Pensamiento Computacional, Estado, PyMEs, AgTech, I+D, Brecha digital, Educación, GreenTech e Inteligencia Artificial.