Nacional

Sabino Navarro, armarse por Perón

Sabino Navarro, armarse por Perón

José Sabino Navarro fue una excepción respecto del origen clasemediero de la mayoría de los fundadores de Montoneros. Había nacido en 1942 en Corrientes, en el seno de una familia obrera y peronista. Tan peronista que cuando Sabino tenía apenas dos o tres años, su padre, analfabeto, lo llevaba consigo a los primeros actos en los que el Coronel Perón le hablaba a los obreros. Y mucho más peronista cuando su madre fue trasladada en avión a Buenos Aires para ser operada gracias a los auspicios de Eva Perón. Sabino y su familia se instalaron en Buenos Aires cuando la “Revolución Libertadora” terminaba con el gobierno de Perón. Comenzó a trabajar como obrero textil a los 12 años, sin terminar el secundario. Fue en 1959, durante una toma de la Algodonera Textil Argentina, que conoció a “Pina”, Graciela Doldán, su futura esposa. Juntos participaron a comienzos de la década de 1960 apoyando otras huelgas de los textiles en la zona de Villa Lynch. Cumplido el servicio militar entró a trabajar en la automotriz DECA (Deutz Cantábrica) desarrollando una intensa actividad sindical. Apoyó la promoción de Dirk Kloosterman y José Rodríguez a la conducción del SMATA, el gremio de mecánicos, pero rompió con ellos a raíz de la “entrega” de dos huelgas. Esta experiencia frustrada con la burocracia sindical peronista lo llevó a buscar otras formas de compromiso político. Se integró entonces al espacio de la revista Cristianismo y Revolución (1966-1971) que dirigía el cura tercermundista Juan García Elorrio, a quien había conocido durante su militancia en la Juventud Obrera Católica. Sabino, que apenas había leído los libros clandestinos de Perón y La razón de mi vida, de Evita, incorporaba ahora las tesis de Franz Fanon a través de lecturas en voz alta de su compañera Pina.

En agosto de 1967 asiste en Córdoba a una reunión de la Agrupación Peronista Lealtad y Lucha, en la que ex miembros del Movimiento Universitario Cristo Obrero deciden crear una célula político-militar. A fines de ese año organiza una pequeña célula para lanzarse a la lucha armada con el sostén económico del abogado laboralista y ex seminarista Juan Carlos Falaschi. El objetivo de estas células era integrarse a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Fusionándose con el grupo de Gustavo Lafleur y José Amorín, Sabino encabeza durante 1969 los primeros operativos de asalto y obtención de armamento. En el Congreso clandestino realizado en Pajas Blancas, Córdoba, en enero de 1969, que aglutina a la Tendencia y al peronismo gremial combativo, el “Negro” Sabino defiende la postura de iniciar sin demora la lucha armada.

En Córdoba, poco antes del Cordobazo, fue detenido por más de diez días. Por entonces entra en contacto con el grupo liderado en Buenos Aires por Fernando Abal Medina, para terminar integrándose a principios de la nueva década con sus compañeros en la organización que el 29 de mayo de 1970 se daba a conocer con el nombre de Montoneros de modo espectacular: el secuestro y asesinato del general Aramburu.

En el marco de la persecución desatada sobre Montoneros después de la toma de La Calera en Córdoba (en julio de 1970), aparece públicamente su pedido de captura. El 7 de septiembre de 1970, durante un tiroteo en una pizzería de William Morris en el que mueren Abal Medina y Carlos Ramus, logra escapar junto a Carlos Capuano Martínez. Sabino Navarro asume entonces la jefatura de Montoneros.

Desde principios de 1971 estallan diversas acciones armadas identificadas con Montoneros en ciudades de Santa Fe, Tucumán y Salta. A fines de junio de ese año, Sabino mata a dos policías que lo perseguían en la zona de Villa Ballester, donde un comando de su organización había asaltado un banco sin su conocimiento.

Vuelto a la provincia de Córdoba, a fines de julio es objeto de una intensa persecución durante más de una semana por las sierras de esa provincia luego de que realizara en Río Cuarto una “expropiación” de un automóvil y un colectivo junto a otros tres compañeros (dos de los cuales murieron en la fuga). Malherido, al ver que no podía adentrarse nuevamente en la sierra, le ordenó a su compañero Jorge Cottone que siguiera adelante. Acorralado, se mató de un disparo en Alta Gracia un 28 de julio de 1971.

Al ser hallado su cadáver por las fuerzas de seguridad, el Gral. López Aufranc ordenó que le cortaran las manos para enviarlas a Buenos Aires para su identificación. Mario Firmenich lo sucedió al frente de Montoneros. Su cuerpo fue recuperado por su mujer recién en 1974 y sepultado en el Cementerio de Olivos. Un mes después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, Graciela Doldán fue secuestrada. Fue vista en cautiverio en el campo de concentración La Perla, permaneciendo desde entonces “desaparecida”.

Horacio Tarcus es historiador y director del CeDInCI.