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Sufrió amputaciones, pero llegó a ser una campeona de ping pong

Sufrió amputaciones, pero llegó a ser una campeona de ping pong
Por ALISSA J. RUBIN

BAQUBA, Irak — La adolescente iraquí no parece una atleta tradicional: tiene la pierna derecha amputada a la altura del muslo, la izquierda a la altura de la rodilla, y su brazo derecho termina en el bíceps.

Pero cuando Najla Imad Lafta, de 14 años, juega al ping pong, su torso se dobla con tanta facilidad como el de una bailarina para encontrarse con la pelota.

Najla Imad Lafta, una de ocho hijos, en su casa en Baquba, Irak. Fue herida en un atentando con un coche bomba (Ivor Prickett para The New York Times).

Najla Imad Lafta, una de ocho hijos, en su casa en Baquba, Irak. Fue herida en un atentando con un coche bomba (Ivor Prickett para The New York Times).

Acaba de llevar a casa su cuarta medalla de plata y la cuarta de bronce de un torneo deportivo internacional para discapacitados celebrado en Egipto, en junio.

“En cuarto grado de la primaria me di cuenta de que era diferente a las otras niñas”, dijo Najla, sentada en el hogar familiar en Baquba, una capital provincial en Irak. “Veía que mis amigas corrían en la escuela, caminaban y jugaban, y pensaban en lo que harían en el futuro”.

Najla tenía 3 años cuando estalló una bomba colocada en el auto de su padre. Es muy probable que el ataque haya sido obra de Al Qaeda en Irak, que tenía en la mira a su padre porque trabajaba en la base militar local con soldados estadounidenses.

La menor es una de un creciente número de atletas iraquíes que compiten en deportes de alto nivel tras perder sus extremidades.

Desde 2003, ha habido un aumento de alrededor del 70 por ciento en el número de iraquíes que participan en los Juegos Paralímpicos cuyas lesiones están relacionadas con el terrorismo, según Mohammed Abbas al-Salami, del Comité Paralímpico iraquí.

Tras la bomba, su padre la llevó de prisa al hospital.

“Cuando me di cuenta de que había perdido mis piernas y el brazo, lloré y lloré y me enojé porque sabía que había perdido todo”, comentó.

Fue esta depresión lo que llevó a Najla al ping pong.

Hace cinco años, triste porque no podía correr como sus compañeros de clase, compró una paleta de ping-pong para tener algo que hacer cuando terminara su tarea.

Su padre le pidió a un amigo que era entrenador de ping pong y buscaba talentos para el equipo paralímpico de Irak que fuera a su casa y le diera algunas clases a la niña.

Najla recuerda el día en que Hossam Hussein al-Bayat llegó a la casa familiar.

“Me dijo: ‘quiero que tomes la paleta y empieces a entrenar todos los días’”, recordó.

Empezó a trabajar en sus golpes. Una vez a la semana, él la llevaba a su casa para practicar, entrenándola hasta que estuvo lista para competir contra jugadoras discapacitadas de otras provincias. Tenía sólo 12 años cuando se ganó un lugar en el equipo paralímpico del país.

Najla, una de ocho hermanos, practica dos o tres horas diarias en casa en una mesa de juego que compró su familia.

“Para ser sincera, nada se compara con tener piernas y brazos”, admitió Najla. “Pero al menos estoy feliz con lo que he logrado”.

© 2019 The New York Times