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Tras las PASO, la intriga de los "piratas" que espían a la Policía Federal

Tras las PASO, la intriga de los

La seguridad de la principal fuerza de seguridad fue vulnerada. Al menos un hacker -aunque podrían ser más de uno- accedió a datos sensibles de la Policía Federal y los publicó en la Deep Web, la internet profunda. No fueron una docena de datos perdidos sino un volumen considerable: más de 700 gigas.

Había allí desde cuestiones menores y desactualizadas o memes de la ministra Bullrich con estética de Los Simpson hasta nombres reales de agentes que se habían infiltrado en bandas de narcotraficantes. También, las fichas completas con los datos personales y familiares de más de 50 agentes de la División Drogas Peligrosas, expuestos públicamente como nunca antes.

El daño es grave y quedó minimizado por el cataclismo que para el Gobierno significaron las PASO. La Policía va borrando lo que los hackers van subiendo, pero corre de atrás. Ahora el ladrón (en este caso, ladrón de datos) viaja a la velocidad digital y marca la cancha. Así, los ladrones corren a la Policía.

La Policía Federal cedió el control de las comisarías porteñas a la Ciudad y se perfiló como una fuerza de élite para la inteligencia criminal, la prevención de delitos graves y la persecución de grandes bandas. Su fuerte debería ser la tecnología, el profesionalismo y el secreto. Le pegaron justo en ese triángulo.

Los hackers no sólo publicaron información sensible sobre investigaciones sino también información personal sobre jefes de la plana mayor, como fotos de sus hijos.

No accedieron al sistema central de la Federal sino a sistemas complementarios, como computadoras de algunas divisiones específicas o archivos personales de policías que guardaban en la nube individual los trabajos institucionales.

Unos ven en esa actitud una desidia incompatible con la tarea profesional; otros, un sistema “atado con alambre” porque no se invirtió en ciberseguridad como hacía falta. “La ciberseguridad es como las cloacas… una inversión que no se ve pero que es indispensable”, se quejó un jefe policial a quien las filtraciones tienen a maltraer.

Otro grupo ve una interna contra el jefe Néstor Roncaglia, quien condujo el traumático traspaso de las comisarías a la Ciudad, desplazó a algunos jefes intermedios y ahora tiene prestigio en el exterior como vicepresidente de Interpol. Los policías saben esperar por sus vueltos. Si huelen un cambio de gobierno, el acero de la fuerza puede volverse gelatina.

Ahora hay 40 hombres trabajando para detectar las filtraciones y apuntalar la investigación que lleva el juez Luis Rodríguez.

Ya saben cómo los hackers obtuvieron las claves: mandaron mails que simulaban ser de la superintendencia de Bienestar -el corazón de los recursos humanos de la Policía-, prometiendo archivos adjuntos con información actualizada de la obra social. Cada policía que lo abrió poniendo su clave le dio acceso a los piratas.

Así entraron por la puerta más sensible: no a la Policía pero sí a los policías, sus familias, sus carreras, sus premios y sanciones y hasta sus antecedentes médicos.

Una mirada más conspirativa habla de empresas de tecnología que vienen ofreciendo sus servicios y, como no son contratadas, operan a través de hackers para dejar patente la vulnerabilidad del sistema. ¿Una mafia comercial que le marca la cancha a la Policía?

El mismo lunes siguiente a las PASO también había sido hackeada la cuenta oficial de Twitter de la Prefectura. Allí se anunció que misiles británicos habían bombardeado buques argentinos, que la operación había dejado "27 muertos" y que el Presidente Macri estaba viajando al lugar.

El hackeo se lo atribuyó el sitio LaGorraLeaks, el mismo que espía a la Policía Federal. La Prefectura sólo pudo responder aclarando, cuando retomó el control de su cuenta, que habían sido hackeados y que "los comentarios fuera de lugar que se publicaron en ese período no reflejan la opinión de la institución y fueron eliminados".

Como sea, los hackers siguen ahí y ya anunciaron: “Septiembre va a comenzar de manera muy divertida”. Arrastrando el peso de sus intrigas y conjeturas, la Federal corre para ver si llega a ellos antes de la hora señalada.