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Tras seis meses cerrado, ¿qué abrirá en el histórico palacio de Florida y Corrientes donde había un local de fast food?

Tras seis meses cerrado, ¿qué abrirá en el histórico palacio de Florida y Corrientes donde había un local de fast food?

Mucha era la expectativa entre vecinos y comerciantes de la calle Florida sobre el destino de una de sus esquinas más icónicas. Casi directamente proporcional al misterio en torno al tema. Es que, desde que Burger King abandonó su local de Florida y Corrientes a fines del año pasado, se desconocía qué vendría en su lugar. Hasta que, días atrás, se resolvió el enigma: será una librería comercial, escolar y artística, que abrirá sus puertas antes de fin de mes. Y que implicó algunos cambios en el espacio para poder concretar el cambio de rubro.

El local cotiza, no sólo por su ubicación sino por su belleza única: una joya arquitectónica con elementos neogóticos de hace casi un siglo y medio atrás. Es el palacio Elortondo-Alvear, que primero alojó a ese matrimonio y, décadas después, hizo lo propio con cafés, tiendas y, en 1994, Burger King. En los últimos días de 2018, ocurrió lo impensado: la hamburguesería abandonó su sucursal más admirada, recordada y fotografiada, mientras que el proyecto de los dueños del local de vender el lote finalmente se frenó.

El local de Florida y Corrientes a fines de 2018, cuando cerró la sucursal de Burger King. Foto: Alfredo Martínez

El local de Florida y Corrientes a fines de 2018, cuando cerró la sucursal de Burger King. Foto: Alfredo Martínez

Según los comerciantes de la zona, el motivo de la partida de Burger fue el alquiler: ya se había ido a US$ 45.000 mensuales. Consultados por este diario, voceros de la empresa habían hablado en cambio de su decisión de “apostar a nuevas plazas, para lograr una mayor distribución”, y de sus planes de sumar locales en las provincias.

Sin su demografía habitual de hamburguesas y gaseosas, entonces, el palacio ahora será habitado por agendas, bastidores, óleos, insumos de papel y artículos de oficina. Es que allí desembarcó Levalle, una cadena que no vende libros: es una librería, pero de tipo escolar, artístico y comercial. 

Con otras cuatro sedes en la Ciudad, en su palaciego quinto local instalará una planta baja de librería comercial y escolar, y entrepiso y primer piso de artículos artísticos. Está previsto además que esa planta alta sea sede de talleres de pintura, carbonilla, témpera, acuarela, óleo, acrílicos, vidrio y cerámica. Allí también funcionará el depósito de mercadería.

En la planta baja instalarán la librería comercial y escolar y en el entrepiso y el primer piso, venderán artículos artísticos.

En la planta baja instalarán la librería comercial y escolar y en el entrepiso y el primer piso, venderán artículos artísticos.

“Es un lugar con mucha historia. Su cúpula interna con cinco vitrales y sus escaleras anchas y de época lo convierten en una construcción emblemática de la Ciudad”, resalta Raúl Levalle, que fundó esta compañía familiar en 1991.

Pero no fue fácil adaptar el local a su nuevo uso. “Hubo que mudarlo del rubro gastronómico al del papel, con todo lo que eso implica”, reconoce Levalle. Y enumera: “Limpiamos con mucho desengrasante, sacamos varios baños que ya no hacían falta, construimos un montacargas para bajar la mercadería desde el depósito del primer piso. Tuvimos que trabajar mucho”.

El palacio tiene 1.885 metros cuadrados de superficie cubierta.

El palacio tiene 1.885 metros cuadrados de superficie cubierta.

También se modificó la puerta de entrada, completamente vidriada, que además ganó en altura y quedó más parecida a la versión anterior a la remodelación de 1994. Es que la viga horizontal, que hacía más bajo el marco del pórtico de ingreso, fue eliminada. 

El edificio de dos plantas tiene 1.885 metros cuadrados de superficie cubierta. Semejante tamaño para un local comercial obligó a los recién llegados a instalar un sistema de audio sectorizado para que, según el área donde se esté, el volumen de la música sea el mismo.

El palacio Alvear-Elortondo, cuando estaba el Burger King. Foto: Maxi Failla

El palacio Alvear-Elortondo, cuando estaba el Burger King. Foto: Maxi Failla

Inaugurado alrededor de 1880 para que allí vivieran el terrateniente Carlos María de Alvear y su mujer Mercedes de Elortondo, el edificio fue sufriendo algunas transformaciones a lo largo de las décadas, fruto de sus cambios de uso. Allí hubo cafés, una tabaquería y, a fines de los años 30 y por cuatro décadas, la Casa Mayorga, especializada en artículos de cuero. La llegada de Burger King a fines de 1994 motivó su última remodelación, la más profunda, con cambios incluso en la fachada. Deberían pasar varios años para que el palacio contara con la protección patrimonial de la que goza hoy, y que le asegura un futuro de más miradas maravilladas.