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Un cráneo modelo para estudiar la evolución

Un cráneo modelo para estudiar la evolución
Por CARL ZIMMER

Un solo fósil nuevo puede cambiar cómo pensamos acerca de los orígenes humanos, pero descubrirlo sigue siendo una lucha para los paleoantropólogos.

“Puede llevar años y suerte encontrar el indicado”, dijo Aurélien Mounier, paleoantropólogo en el Museo Nacional de Historia Natural de Francia.

Ahora Mounier y otros investigadores usan computadoras para reconstruir la apariencia de los fósiles que aún no han hallado. El mes pasado, Mounier y Marta Mirazón Lahr, paleoantropóloga en la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, develaron un cráneo virtual perteneciente al último ancestro común de todos los humanos modernos.

La representación, descrita en la revista Nature Research, es similar a fósiles de más o menos la misma edad encontrados en África Oriental y Sudáfrica. Los científicos proponen que la humanidad moderna surgió a través de una fusión de poblaciones en estas dos regiones.

“Empezamos a ver el registro paleontológico de modo diferente”, expresó Mounier. “Estamos más conscientes de mucha diversidad y complejidad”.

La ascendencia de todos los humanos vivientes puede rastrearse a África. Estudios de ADN indican que nuestros ancestros comunes vivieron en algún lugar del continente africano entre 260.000 y 350.000 años atrás. Pero persiste el enigma de cómo evolucionaron esos primeros humanos.

Mounier y Lahr pretendían entender cómo los fósiles de toda África están relacionados con los humanos modernos. Los investigadores desarrollaron técnicas matemáticas para comparar la estructura de los cráneos, en busca de vínculos evolutivos.

Las personas hoy no comparten cráneos idénticos; hay mucha variación de una persona a otra. Así que Mounier y Lahr trabajaron hacia atrás desde esta diversidad moderna hasta lo que creen era el cráneo de un ancestro común.

Tomaron imágenes de TACs de 260 cráneos de personas de una amplia gama de poblaciones —desde habitantes de selvas tropicales africanas hasta las costas de Groenlandia. También escanearon cráneos de 100.000 años de antigüedad encontrados en Israel y una selección de parientes humanos extintos.

Luego los científicos colocaron a todos estos individuos vivientes y extintos en un árbol evolutivo. Al hacerlo, pudieron rastrear la evolución de los cráneos a lo largo de cada rama, llegando a una imagen del cráneo de un ancestro común de los humanos vivientes.

La representación de este cráneo ancestral muestra la misma cavidad cerebral abovedada que tenemos hoy. Pero también tiene arcos superciliares más pesados y la parte inferior del rostro sobresaliente.

Mounier y Lahr compararon su cráneo modelo con verdaderos cráneos fósiles africanos del mismo período. Hallaron varias diferencias que los llevaron a pensar que los fósiles pertenecen no a una sola población, sino a tres.

Un fósil marroquí pertenece a una población. Otro fósil, hallado en Tanzania, representa a la segunda. La tercera población incluye dos fósiles de dos sitios separados por miles de kilómetros: Sudáfrica y Kenia. Los investigadores concluyeron que esta tercera población, que tenía cerebros grandes y elaboraba herramientas sofisticadas, se parece más al ancestro de los humanos modernos.

Los humanos antiguos en África Oriental y Sudáfrica pueden haber entrado en contacto de vez en cuando y haberse reproducido entre sí. “La idea es que se fusionaron para finalmente formar nuestra especie”, comentó Mounier.

Datos adicionales podrían alterar el cráneo virtual, y tal vez incluso las teorías sobre nuestros orígenes.

© 2019 The New York Times