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Un golpe de dados en el subte, los aviones feudales y Cristina eterna

Un golpe de dados en el subte, los aviones feudales y Cristina eterna

Fue un golpe de dados. Un azar que parecía letal pero que terminó bien. En un abrir y cerrar de ojos, un hombre se desmayó en la estación Pueyrredón del subte D. Se desplomó y golpeó en su vahído a una mujer que caminaba por el andén haciéndola caer en las vías cuando el tren acechaba. Se oía el sonido arrollador. La mujer también se había desmayado. Desde el andén lanzaban señas desesperadas cuando Roxana Flores, la conductora del subte tuvo, tras una curva, el reflejo perfecto para accionar los frenos de emergencia. Y funcionaron. Y no hubo tragedia.

Hay otra Argentina profunda, no solo la feudal y autoritaria sino también la que solidaria y despierta de pronto nos salva.

La videovigilancia propagó las imágenes que vimos todos.

Todo se ve, aún lo invisible. Y en simultáneo a veces somos ciegos frente a situaciones esenciales que encubrimos y negamos.

El subte es, como tan bien caracterizó el antropólogo Marc Augé, un No Lugar, un espacio de tránsito que trajinan millones. No es un enclave para residir sino para pasar, viajar y salir. Los pasajeros pasamos anónimos, cotidianos y tributantes, y al fin -paradojas asombrosas de la vida contemporánea- permanecemos muchísimo tiempo en esos No lugares que nos trasladan hacia otros sitios, donde sí nos instalamos: el trabajo o el hogar. Sin embargo, el No lugar no es una nada. Es movimiento que refleja muy bien nuestra calidad de vida, nuestros estados de ánimo y nuestros valores. La circulación pública es un espejo. Exhibe cómo somos cuando se desdibujan las jerarquías en la horizontalidad conjunta a la que nos lanzamos en el tránsito. Esos flujos a veces exponen situaciones nefastas; robos o trifulcas, incluso asesinatos, y en otros casos excepcionales, revelan instancias salvíficas como la de la mujer que fue rescatada tras un conjunto de fatalidades que fueron, al fin, virtuosas.

Hay otro tipo de tránsito vinculado al poder feudal impune.

Observamos pasivos la tropilla de aviones que los gobernadores del PJ arrearon hacia Santa Rosa para el acto del Día de la Lealtad que volvió a reunir a Alberto Fernández y a CFK.

Los aviones que llevaron a los dirigentes peronistas a Santa Rosa, La Pampa, por el Día de la Lealtad.

Los aviones que llevaron a los dirigentes peronistas a Santa Rosa, La Pampa, por el Día de la Lealtad.

Bajo tierra aconteció un milagro benéfico, y en los cielos gastaron millones que son de todos para presenciar y celebrar el prodigio de Cristina resurrecta.

Finalmente no hizo falta reformar la Constitución para concretar el proyecto megalómano de Cristina eterna: Ella siempre está, tan eterna como el peronismo, ese Ave Fénix que siempre renace de sus propias cenizas.

Ahora, los gentíos otra vez protagonizan la vida pública de manera quizás impensada. En Santa Rosa los Fernández convocaron masivamente. Todos cantaron la marcha, propalada en versión pop, y auguraban extáticos su reiterado vaticinio: “Vamos a volver”.

Macri también apuesta con ímpetu inédito al entusiasmo manifestante, otrora casi exclusivamente peronista. Hoy busca impactar con el auspiciado encuentro en la 9 de Julio. El oficialismo tantea en las calles lo que no redituó desde las redes sociales alambradas en su virtualidad. “Ésto se da vuelta”, gritarán los devotos casi rezando.

El escenario al lado del Obelisco que espera a Macri para el acto de campaña de este sábado. Foto Lucía Merle

El escenario al lado del Obelisco que espera a Macri para el acto de campaña de este sábado. Foto Lucía Merle

El efecto de la multitud itinerante y audible es relativo pero a la vez tangible. El cuerpo social masivo y movilizado emite mensajes insoslayables. A veces la muchedumbre queda subsumida por la manipulación y la celebración exaltada de liderazgos carismáticos y dominantes. En otros casos opera como resistencia y sublevación frente a horizontes que auguran sojuzgamientos. Es una aglomeración de personas que predican estentóreamente las garantías de derechos que perciben amenazados.

La Argentina es pródiga en reuniones masivas diversas que en circunstancias pre electorales se contraponen y que en esta coyuntura particular se disgregan en dos vectores antagónicos: macrismo y cristinismo. Aunque Alberto Fernández hable al final en los actos, el vínculo emocional con la calle lo sostiene Cristina, la candidata a vicepresidenta, pese a que en general ha acotado su aparición a las presentaciones de su libro. Habrá que ver qué ocurre si gana las elecciones el Frente de Todos y regresa al balcón. Por su parte, Macri sorpresivamente ahora también magnetiza a la calle misma.

La multitud es lenguaje público en movimiento. Hay dos discursos intensos, opuestos y mayoritarios en las calles.

Manifiestan en esa polaridad una cierta organización de la política. No brota mayormente -al menos en este momento- esa diáspora caótica de las masas en minorías violentas radicalizadas, como ocurre ahora en Barcelona por ejemplo. La teatralización de la política en el escenario abierto de las urbes es un género básico de la vida en común.

La calle no se va de la política, y por eso la política siempre vuelve a la calle.