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Un ministro coordinador y la sombra de Cristina

Un ministro coordinador y la sombra de Cristina

Alberto Fernández tomó el consejo histórico de Ortega y Gasset, y aceleró las definiciones de las cuestiones importantes. El martes aprovechó una entrevista radial para avisarle al Fondo Monetario Internacional que prescindirá de los desembolsos de dólares pendientes del préstamo que le dieron a Mauricio Macri. Una señal inexorable de que la economía bajo su mando no se ajustará al programa fiscal del organismo financiero.

Un rato después se reunió con el embajador de Estados Unidos, Edward Prado, y más tarde recibió al representante diplomático de Cuba, Orestes Pérez Pérez, en sus oficinas trajinadas de Puerto Madero. El hombre de la revolución cubana, que terminará su misión argentina en poco tiempo, ya lo había visitado la semana anterior y le había dejado unos buenos habanos de la isla. Un regalo que quizás le sirva al presidente electo para tomarse unos minutos de placer y de relax en estos días fatigosos.

Es que, desde el regreso de Cristina precisamente desde Cuba, al Fernández presidente lo persigue la sombra del empoderamiento de su compañera de fórmula. Los vaivenes de nombres y apellidos como posibles integrantes de su gabinete podrán interpretarse de un modo o de otro. Pero nadie puede negar el impacto negativo que la inminente designación de Carlos Zannini como Procurador del Tesoro ha tenido en los laberintos del poder. El abogado cordobés como primer abogado del Estado poco tiene que ver con la fantasía virtuosa del “primer Néstor” y es un peso que inclina inexorablemente la balanza del equilibrio delicado entre los Fernández.

Desde hace diez días, las movidas ajedrecísticas de la vicepresidenta electa en el Congreso sólo han logrado fortalecerla. El alejamiento del cordobés Carlos Caserio en el bloque peronista del Senado y el gambito de la santiagueña Claudia Abdala para ubicarla en la línea de sucesión y desairar a los gobernadores peronistas. Y la sumatoria de media docena de diputados santiagueños más alguna que otra oferta demasiado tentadora a ciertos legisladores para convertir al bloque que conducirá Máximo Kirchner en uno más numeroso que el de Cambiemos. El barro de la política conoce aritméticas asombrosas que ignoran los sacerdotes de la ciencia electoral.

Por eso, la carta de consolidación de Alberto sigue estando oculta en los pliegues de la economía. ¿Quién será el ministro que deberá lidiar con la agobiante deuda externa, con la inflación y con el parate productivo que dispara el desempleo? Fernández impondrá su criterio si designa a Matías Kulfas o a Cecilia Todesca, sus economistas de cabecera. Pero exhibirá debilidad si posterga a Martín Redrado o a Guillermo Nielsen sólo porque Cristina los objeta.

“Alberto va a sorprender a todos cuando designe al ministro de Economía”, dicen algunos de sus colaboradores, sin preocuparse demasiado por las nubes oscuras que lo acechan cada vez que aparece Cristina. Hay quienes creen que la sorpresa del presidente electo sigue siendo la apuesta fuerte por un ministro coordinador de las variables económicas que no sería otro que Roberto Lavagna. Y que la confirmación de su hijo Marco como futuro director del Indec es apenas la punta del iceberg de un acuerdo superador con el hombre que lideró la economía de los años olvidados en los que el kirchnerismo todavía no se avergonzaba del superávit fiscal.

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  • Máximo Kirchner

  • Roberto Lavagna

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