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Volver a conectar con lo esencial

Volver a conectar con lo esencial

En una de las escenas más célebres de la filmografía deportiva, el entrenador Tony D´Amato – interpretado por un colosal Al Pacino- apela a sus jugadores a luchar por cada pulgada que se encuentre a su alcance: “El fútbol es aquella pulgada que tenés enfrente de tu nariz”.

El deporte de alto rendimiento se ha convertido en un juego de pulgadas, de segundos. Es, en este contexto, que en los últimos años ha crecido en una forma muy rápida y vertiginosa. El avance de la Ciencia y la introducción de nuevas disciplinas han permitido optimizar el rendimiento. Cada vez tenemos deportistas más rápidos, más fuertes, más potentes… ¡Más, más, más!

Muchas veces, en esta búsqueda el deporte se pierde, se fragmenta, se escinde. Parecería que gran parte del deporte se encuentra guiado por la voluntad de poder, donde ganar se convirtió en el único objetivo posible, cimentando el culto al individualismo. Se promueven resultados rápidos, retribuciones económicas y motivaciones externas, como la fama y el reconocimiento. Esto exacerba el perfeccionismo, la omnipotencia y el narcisismo. Parecería que no hay tiempo ni lugar para indagar sobre la persona que se encuentra detrás del deportista.

Y de repente, ocurre algo inesperado. Un suceso que modifica la trama y rompe la estructura. Un diminuto microorganismo pone en jaque nuestra omnipotencia. Nos muestra nuestra vulnerabilidad. Nos conecta con la imprevisibilidad de la vida.

“Y así, sin haberlo previsto, nuestras urgencias, nuestras agendas repletas, se relativizan, se nos caen. Y entramos en un desierto. Donde quizá nos estaba esperando una verdad”, expresa un amigo en sus redes sociales.

En un mundo que se rige bajo el paradigma del hacer, el virus nos detiene. Nos otorga tiempo. Nos obliga a frenar la pelota y levantar la cabeza. No sabemos muy bien qué hacer; estamos en nuestras casas. Tenemos miedo.

Tal vez tengamos que aplacar los ruidos externos para intentar escuchar lo que tiene para decirnos. Encontrar la belleza inesperada. Como afirma el creador de la escuela logoterapeútica, Viktor Frankl: “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos con el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

El mismo autor nos propone el desafío de poder vislumbrar esta situación desde un "optimismo trágico". Lo trágico hace referencia a la situación crítica que estamos vivenciando: el virus y los efectos que conlleva. Sin embargo, también somos optimistas por todo lo que se puede llegar a ser con lo que se presenta hoy. El Coronavirus nos despliega oportunidades para encontrar allí nuevos sentidos.

Respiremos; vayamos más despacio. Tratemos de escucharnos. Volvamos a tomar contacto con lo esencial. Seamos más humildes. Pongamos lo vincular, nuevamente, arriba de la mesa. Asumamos nuestros miedos y limitaciones -somos personas falibles-. Utilicemos el tiempo sin ningún fin. No nos identifiquemos con lo que hacemos, sino con lo que somos. Trascendámonos en algo más grande que nosotros mismos -no estamos solos-.

Tal vez esta situación adversa nos permita -a todos aquellos que formamos parte del mundo del deporte- aprender a darnos cuenta que estamos adoptando un rumbo equivocado. Ojalá podamos otorgarle un sentido a esta circunstancia social estamos atravesando. Volver a tomar conciencia que el deporte es un juego, que su principal objetivo es el disfrute y el despliegue de las cualidades de las personas que lo practican.

Quizá Tony D´Amato esté en lo cierto, el deporte es un juego de pulgadas. De aquellas que nos ayudan a volver a encontrarnos.

Sebastián Blasco es profesor de la Facultad de Ciencias Biomédicas (FCB) de la Universidad Austral y director del Curso Psicología del Deporte de la FCB.