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Ya nadie va a escuchar mi remera

Ya nadie va a escuchar mi remera

En Cabildo y Juramento existía una galería con locales alternativos, la Galería Churba, algo así como una Bond Street del barrio de Belgrano. Se podía acceder hasta un tercer piso por una rampa ancha y circular, justamente, en esa planta, junto a disquerías y negocios de ropa, uno de los locales ofrecía remeras de rock. En la vidriera estaban colgadas las de Led Zeppelin, Jethro Tull y Black Sabbath. Todo, atrasaba una eternidad, pero un cartel ofrecía: “Te hacemos la remera con la tapa de tu disco preferido”.

Así que no dudé, en los primeros días de un enero agobiante me presenté en el local, con una remera blanca y la tapa del primer disco de Soda Stereo. La quería dibujada, calcada, con todos sus colores y con su innovadora y revolucionaria imagen pop para poder lucirla en mi espalda.

“Pibe, venite en 15 días” dijo el vendedor, un señor canoso cuyo pelo largo había sobrevivido al Flower Power.

A Churba llegué puntual, pero mi remera no estaba lista y, sin más palabras, me supo postergar otros 15 días.

Ya comenzaba febrero cuando ya no podía controlar mi ansiedad. “Vas a tener que esperar, todos los artesanos se fueron a trabajar a la Costa” dijo el vendedor, que en ningún momento mostró preocupación por no poder cumplir con su palabra.

Recién en los primeros días de marzo estuvo terminada mi remera, y cuando me retiraba del local, entendí todo, cuando con cierto dejo de orgullo y satisfacción me dijo… “Pibe, estos grupitos nuevos, sacan un disco y después desaparecen”.