Política

Imprevisto anuncio porteño: correr, vender ropa y otros rubros si se mantiene nivel de contagios

Imprevisto anuncio porteño: correr, vender ropa y otros rubros si se mantiene nivel de contagios

El lote de funcionarios porteños que estuvieron el lunes al atardecer con sus pares nacionales llevó una oferta para el inicio de otra etapa de la cuarentena que sorprende si se compara con los pronósticos de la semana pasada. Sintonizó, el equipo de Horacio Rodríguez Larreta, con los funcionarios nacionales y hasta se anticiparía la definición.

La posibilidad de abrir nuevas actividades con atención al público y permitir correr por parques de la Ciudad de Buenos Aires (con horarios, claro) no parecía posible hace unos días cuando el propio Larreta, pronosticando el “pico” de contagio para, con probabilidades de que hubiera 1.000 diarios y remarcaba que se había quintuplicado en dos semanas la cantidad de enfermos. Desalentador. A eso suma el control del factor R, la cantidad de contagios que se producen por una persona infectada, que debería ser de menos de 1 en una situación de disminución de la epidemia, mientras se mantenía en 1,4.

Con esa imagen y el temor a que una situación inesperada provoque el colapso del sistema de salud, nada hacía prever que fueran tomadas en cuenta acciones más tendientes a un control sanitario que a una apertura. Dos datos fueron clave para rever la cuarentena: la ocupación de camas y el ritmo de los contagios.

Fue ganando terreno, en el gabinete porteño la posición del grupo de los más “productivistas”, que si bien abonan al cuidado del sistema de salud, a la vez sostienen la necesidad del reinicio de la economía en un distrito que se nutre básicamente del Impuesto a los Ingresos Brutos y donde hay sectores en una crisis pronto intolerable. Abonan a ese grupo los responsables, precisamente, en la materia, como el ministro de Hacienda, Martín Mura, y el de Desarrollo Económico, el radical José Luis Giusti; también Diego Santilli.

Sin embargo, en el afán de combatir la epidemia la posición de “los sanitaristas”, sector que tiene como principal referente al ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, también se impuso, “con armonía”, en los fundamentos de un nuevo ciclo de aislamiento obligatorio.

Esa línea esgrime la evidencia sobre que en una semana, de 100 se pasaron a 400 casos, pero que en otros siete días “la curva” se mantuvo por debajo de esa cifra y el mentado Factor R quedó en 1,2. Si así sigue, habrá más permisos.

Es que los principales argumentos monitorean -como anticipó este diario- el estado de ánimo de la gente, en un distrito que a la vez, según el Gobierno de la Ciudad, es cumplidor de las normas básicas ante la pandemia, como el distanciamiento y el uso de barbijos.

“Optimismo no hay”, aseguran en el gabinete porteño los más aferrados a los datos científicos que son, en definitiva, los que cuentan. Y explican que “lo más delicado es la curva evolutiva que va lenta, y al mismo tiempo la sociedad está fatigada y cada semana pierde capacidad de continuar”.

Entonces ¿cómo conseguir un poco de crédito y alentar el espíritu de la gente?

Para el Gobierno porteño, “el peor escenario sería que la gente pierda la paciencia y se rompa la cuarentena”.

Entonces, si se mantiene estable el dramático guarismo de contagios, habrá recreo para los porteños.

En principio, se permitiría la venta de ropa en comercios barriales y seguirán inhabilitadas las avenidas de centros comerciales que debieron cerrar desde la semana pasada. No se permitirán los probadores y habrá un protocolo para el caso de las devoluciones.

Además, se podría permitir correr pero a las 20 y por la mañana hasta las 8, un horario restringido para una actividad que se considera que aumenta la capacidad de contagiar. También se abrirían galerías de arte ya,se estudia la actividad del calzado y serán menos restrictivas las salidas con niños, que podrán ser los dos días del fin de semana y sin tener en cuenta la terminación del DNI de los adultos que los acompañan. Todo, claro, estará pendiente del ritmo de los contagios, con la posibilidad de dar marcha atrás si no funciona.