Política

Otra puntada de Alberto Fernández en su plan para intimidar a los jueces

Otra puntada de Alberto Fernández en su plan para intimidar a los jueces

La persistencia de Alberto Fernández en desafiar, prevenir e intimidar a los jueces sobre las negras nubes que deberán atravesar si él llegara al gobierno a causa de su trabajo en las causas que enredan a su jefa Cristina Kirchner, confirma cuál es el precio que aceptó pagar por alzarse con la candidatura a presidente.

Desde su sorpresiva nominación, el ex jefe de Gabinete K inició una campaña de demolición sobre los magistrados que tienen en sus manos expedientes calientes para la senadora de Unidad Ciudadana.

En la primera y más rústica de esas intervenciones, compartió con los argentinos una singular lista negra de jueces "que algún día van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno". Los dos primeros son el instructor del caso cuadernos, las maniobras con el dólar futuro y la denuncia de Alberto Nisman por el supuesto encubrimiento del atentado a la AMIA, Claudio Bonadio; y el de las causas por el direccionamiento de la obra pública de Santa Cruz hacia Lázaro Báez y las maniobras de lavado en las empresas familiares Los Sauces y Hotesur, su viejo protegido Julián Ercolini.

La nómina de réprobos difundida por Fernández continúa con el hombre fuerte en el siguiente escalón jerárquico de Comodoro Py, el titular de la Cámara Federal porteña Martín Irurzun. Sin la permanente colaboración de los eyectados camaristas Eduardo Freiler -enjuiciado por corrupto en el Consejo de la Magistratura-, Jorge Ballestero y Eduardo Farah, ese tribunal comenzó a rebotar las copiosas apelaciones y chicanas que habitualmente llevan las causas hacia el olvido, y varias se agilizaron peligrosamente.

Irurzun, además, enumeró los motivos por los cuales Julio De Vido debe seguir preso por el caso que investiga un festival de corrupción en la mina de carbón de Río Turbio. Esa explícita serie de hechos que demostraban la influencia del ex ministro para entorpecer la investigación, fue deformada como una supuesta "doctrina" que habilitaría a todos los jueces a detener a los procesados en sus expedientes. La traslación es falaz, pero Irurzun cayó en la volteada de Alberto. Es decir de Cristina.

Los dos últimos nombres en ese registro integran el más alto tribunal de apelaciones en la justicia federal: la Cámara de Casación. Los apuntados allí son Gustavo Hornos -entre cuyas sentencias figura la histórica declaración de los delitos de corrupción como imprescriptibles, pues implican "un atentado contra el sistema democrático" según lo prevé la Constitución- y su colega Juan Carlos Gemignani.

Tras aquella dura admonición, Fernández volvió a quejarse respecto del trabajo de los jueces en media docena de ocasiones. En algunas, morigeró su carga de dinamita. En otras, le sumó kilos. Esa oscilación reflejaría, además, la tensión que la coalición kirchnerista acumula intramuros, entre quienes buscan alejar su nombre de las noticias judiciales y los talibanes que sólo apuestan a escapar de ellas mediante un armagedón.

Esa contorsión volvió a exponerse este jueves en San Juan. "Cuando alguno se rasga las vestiduras porque yo digo que los jueces van a tener que explicar lo que escribieron, no me lo van a tener que explicar a mí, se lo van a tener que explicar al sistema institucional argentino, al Consejo de la Magistratura, a quién corresponda. No soy yo quién va a pedir explicaciones", dijo Alberto. Pero sobre esa cal echó un balde de arena: "no tengo vocación de venganza contra los jueces", buscó compensar. Más hielo: "No tengo ningún interés de cambiar la Constitución, porque para mí no es un problema", prometió.

Era demasiado. "Si la Justicia existe, a Cristina nadie la va a condenar", volanteó otra vez el candidato. Para que nadie dude del mensaje final.