Salud

Cómo entrenar la resiliencia en los niños

Cómo entrenar la resiliencia en los niños

Sanar es un proceso largo, difícil. Requiere paciencia, cuidado, sostenido esfuerzo humano y el desarrollo de una confianza que reconstruya lo roto, lo quebrado.

Me recuerda a una metáfora de Erich Fromm, psicoanalista pero de los llamados “culturalistas”, con una visión sociocultural aguda, cuando hablaba de dos formas de trascender: mediante la creación o mediante la destrucción.

Hitler será recordado en lo que viene de la posteridad como un loco de ideas delirantes y genocida, sin escrúpulo en destruir la vida humana; su maldad trascenderá generacionalmente.

Gandhi será recordado por su capacidad resiliente, su humanidad altruista y su lucha social en defensa de los desposeídos, colonizados. Se creó a si mismo como un líder de la paz y la justicia, fue un creativo que trascenderá por eso.

Dos formas de trascender. Una más sencilla y ejecutable en un momento: destruir, matar, es sólo un instante. Crear, modelar, cuidar y construir lleva tiempo, esfuerzo, amorosidad, confianza en la obra.

Sanar es algo así. Un proceso lento. Pero que vale la pena. Y si se trata de un niño, que está en plena construcción de su identidad, que desarrolla una visión de la vida que lo marcará para siempre, aún más.

Enseñar resiliencia

Paula Moreno, psicóloga que trabaja de manera muy creativa con niños que han sufrido violencia o padecen heridas emocionales, nos lo dice así: “Yo creo que tenemos la oportunidad de convertirnos en lo que algunos autores llaman 'tutores de resiliencia' cada vez que nos acercamos a un niño. Y esta oportunidad la tenemos cumpliendo una función de docente, de padre, de terapeuta.”

Y continúa: “Muchos de estos niños podrían necesitar sanar las consecuencias de vínculos tempranos poco seguros. Ser tutores de resiliencia implica la capacidad como adultos de decodificar lo que el niño necesita y brindárselo, sintonizando con él. Para poder sintonizar con un niño es necesario que el adulto esté atento a su propio estado interno, a sus emociones, pensamientos y sus sensaciones físicas. Para desde ahí poder regular al niño".

Recuerdo a mi profesor universitario de niñez y adolescencia que decía: “Cuando un niño no está bien, seguro que hay un entorno que no está bien. Cuando ese entorno se acomoda y sana, ese niño inmediatamente sana”.

Estas características propias de lo que llamamos apego seguro son las que permitirán que el niño desarrolle una autoestima saludablemente y se conviertan en la base de las relaciones sanas con otros. El apego seguro es un concepto que investigó originariamente John Bowlby, psicoanalista que trabajó con la manera en que los niños se vinculaban a sus cuidadores. Bowlby se desempeñó como asesor de la Organización Mundial de la Salud también y su obra dejó un legado inmenso. Su conclusión: la proximidad, el afecto y el cuidado, lo que llamamos apego seguro, es la base de la salud​ y el bienestar en nuestras vidas.

Susurrando cariño

"El sentirse sentido por otro, que a su vez nos recibe desde un amor incondicional, abre las puertas del bienestar emocional -nos dice Paula-. Y cuando nuestra manera de acercarnos a un niño está mediada por estas cualidades, el medio que utilicemos para transmitirlas, se verá embebido de las mismas."

La profesional utiliza algo que llama “el susurrador”, que constituye, “una metáfora exquisita de estas cualidades de ternura, paciencia, sostén, escucha atenta, distancia óptima. Atravesado a su vez por las palabras que ponen nombre a las emociones, sin dejar de lado cómo el cuerpo responde a esta particular forma de vincularnos. Cuando hay coherencia entre estos aspectos, nuestra función de tutores del amor ya se puso en juego”.

Así, la profesional cuenta cuentos, crea con sus pacientitos decenas de personajes de trapo, dinosaurios, valientes resarcidores de dolores profundos y utiliza el susurro para hablarles y ayudarlos a sanar.

“Para mí -concluye- la confianza comienza a convertirse en la bisagra del proceso: hay un adulto que confía en las capacidades de ese niño, en sus fortalezas y las resalta. De la misma manera en que hay un susurro que confía que esa poesía llegará al alma del niño y tallará lo que sea necesario tallar. Confianza que descansa en el espacio construido entre ambos”.

*Martín Reynoso es psicólogo, director de Train Your Brain Argentina y autor de "Mindfulness, la meditación científica".