Salud

Conductas saludables

Conductas saludables

La mayoría de nosotros sabe cuáles son los factores de riesgo y las conductas que son perjudiciales para nuestra salud, aunque muchas veces no podemos escapar de ellas. Nos repetimos: “Tengo que dejar de fumar, pero no puedo”, “Debo comer mejor, pero me cuesta demasiado”, “Tendría que empezar a hacer actividad física y no tengo tiempo ni dinero para pagar un gimnasio”, “No puedo alejarme de una relación tóxica que me genera estrés, o de esa copa de alcohol de más”...

Tomemos como ejemplo el alcohol, una de las drogas legales más adictivas. Algunos comienzan utilizándola como una gratificación al final de una jornada cargada de tensiones y muchos pasan luego a tener una relación muy peligrosa con ese whisky, esa cerveza o vino. No se pueden despegar y comienzan a llevarse muy mal con la bebida. Algo que comenzó como un momento de relajación, termina siendo una pesadilla para la persona y su familia. Saben que les hace mal, pero termina el día y no pueden evitar la tentación de tomar.

Para entender los factores que contribuyen a perpetuar conductas nocivas es imperativo evaluar el contexto. Somos una población sobreinformada en temas de salud. Estamos bombardeados de datos que la mayoría de las veces no son correctos. Recibimos información de salud a través del médico, la escuela y el Estado, que suelen colocar a la persona en posición de culpa. También nos llega a través de los medios masivos de comunicación, que reproducen la información, la repiten, profundizan y exageran, lo cual se suma al sesgo que comúnmente le ponen las marcas. Nos llega a través de nuestros pares, amigos, compañeros de trabajo o vecinos a quienes les creemos ciegamente cuando nos dicen que tomemos tal o cual producto que hace bien a la salud.

Una nueva vía de carácter viral se sumó a este tsunami informativo: las redes sociales que ocupan celebridades, activistas o políticos, y que terminan por contribuir a la confusión o, aún peor, a la divulgación de información falsa.

El momento actual no nos ayuda, ya que estamos agobiados por la situación que nos rodea y la incertidumbre que nos genera no saber qué va a pasar en nuestro país. Estamos en constante estado de alerta, lo que dispara nuestra hormona del estrés llamada cortisol.

Un estudio reciente del Observatorio de la Deuda Social de la UCA cuantificó esta situación al mostrar que entre 2017 y 2018 hubo un aumento de la percepción negativa de nuestro estado de salud, mayor infelicidad y depresión. Todo ello sumado a la creencia de que no tenemos control sobre esta realidad y que no podemos hacer nada para mejorarla. Es preocupante la falta de esperanza, al no tener una proyección política de soluciones a la crisis económica.

Las consecuencias de esta tormenta son catastróficas, nos llevan a un mayor consumo de alcohol, drogas, medicamentos, a dormir muy mal y ser sedentarios.

La tarea de dar un mensaje saludable dentro de este contexto es difícil pero no imposible.

Nuestro desafío como médicos en el interior de nuestro consultorio y comunicadores de salud hacia la comunidad general, es cómo transformamos la información con evidencia científica en conductas saludables.

Sabemos que los medios de comunicación tienen impacto en la salud colectiva e individual, reafirman creencias y conductas. Es por esto que debemos aprovechar y agradecer a los medios de comunicación que nos dan espacio para llevar adelante esta tarea.

La clave para fomentar hábitos saludables es mejorar la forma en que comunicamos y el tono que utilizamos. Debemos dejar el tono prescriptivo y dar información fidedigna para que cada uno elija qué tomar de ella. Evitar los mensajes fuertes, determinantes, sensacionalistas y exagerados. Denunciar cuando un mensaje no tiene respaldo. Evitar que se ponga en duda algo con sobrada evidencia científica, como es el caso de las vacunas.

Debemos entender, además, que a los adultos nos cuesta cambiar conductas que son dañinas para nuestra salud y que hemos adquirido desde pequeños. Es por esto que debemos empezar desde la más temprana infancia, incorporando hábitos saludables que a futuro sean conductas naturales.

Para los que ya tenemos inculcado costumbres que son nocivas para la salud, les propongo empezar de a poco, cambiando una a la vez, en forma paulatina y continua.

Los pequeños grandes cambios son, a la larga, los más efectivos para nuestro bienestar. 

Jorge Tartaglione es médico. Presidente de la Fundación Cardiológica Argentina.