Salud

Diego Golombek despeja cuatro dudas frecuentes sobre el sueño en cuarentena

Diego Golombek despeja cuatro dudas frecuentes sobre el sueño en cuarentena

Las rutinas, las costumbres, las relaciones, la alimentación. La lista de factores a los que la cuarentena modificó radicalmente en el día a día de sociedades enteras es extensa y, para muchas personas, todavía compleja de asimilar. Y en ese punteo de hábitos modificados a la fuerza de la noche a la mañana, el sueño es uno de los que más viene batallando. Las horas que dormimos ya no son las mismas ni en cantidad ni en calidad y eso, en un mediano plazo, puede iniciar un camino sin retorno hacia el mal descanso crónico en grandes y chicos.

Tal como lo explica el biólogo, profesor y periodista Diego Golombek, el gran custodio de un sueño de calidad es el reloj biológico interno, precisamente porque registra los cambios de luz y demás estímulos que vamos recibiendo conforme pasan las horas del día. Cuando ese registro se desvirtúa, como sucede en incontables casos durante las jornadas de aislamiento, los efectos sobre un buen descanso se hacen notar con el correr de las noches.

Sueño y cuarentena: cuatro respuestas

¿Afecta la cuarentena al reloj biológico? "Toda nuestra fisiología y nuestro comportamiento responden al reloj biológico. Sueño-vigilia: luz de día, oscuridad de noche, tan sencillo como eso. Cuando rompemos esa rutina el sueño es deficiente", sintetiza Golombek respecto al efecto que los cambios de hábitos diurnos y nocturnos tienen sobre el regulador del descanso.

¿Cómo dormimos en cuarentena? "No nos estamos exponiendo a la luz. La cuarentena no es encierro, es aislamiento. Abramos la ventana, salgamos al balcón, veamos luz porque esa es la nafta del reloj biológico que nos pone en hora", alienta el biólogo, que también se hace espacio para hablar de lo que soñamos.

"Si ahora tardamos más en despertarnos y lo hacemos sin alarma, es posible que ese último sueño sea más largo y lo podamos recordar más vívidamente", apunta. Porque sí, durante el confinamiento también cambian nuestros sueños.

¿Cómo afecta el aislamiento al descanso? "En general no vemos la luz de la mañana que pone en hora al reloj (biológico), y por el contrario vemos pantallas por la noche, que le dicen al reloj que se vaya de largo. Se pasa de cuerda", ejemplifica Golombek respecto de ciertas pautas que nos vamos salteando durante el encierro en casa. Extender las noches y comprimir las mañanas con amaneceres mucho más tardíos, es una novedad entre semanas que muchos fueron adoptando.

"Nos volvemos mucho más nocturnos. Pero cuando el mal descanso se vuelve crónico hay consecuencias", advierte. Y menciona, por caso, a la somnolencia diurna, el malhumor, alteraciones en la salud y en el sistema inmune.

Y los chicos, ¿salen ilesos? Protagonistas involuntarios de esta pandemia, y reconocidos por su elástico poder de adaptación, los más pequeños de la casa no están exentos de la falta de despertador para ir al colegio y los nuevos "permitidos" entre semana para meterse en la cama más tarde de los habitual. ¿Tendrá esto consecuencias a futuro?

"Para los niños la cuarentena es particularmente complicada, porque se les rompen completamente las rutinas y ¡el día se les hace eterno!", sentencia el profesor, desmitificando esa idea de que están inmunes incluso hasta a la falta de aire y la separación de sus pares. Ellos no solo se aburren, también asumen un rol dentro de los hogares, y un conjunto de nuevos hábitos que luego serán todo un desafío erradicar.

El amanecer con la primera luz del día para volver a clases (cuando sea que eso suceda) será incluso más tedioso que el retorno post vacaciones. Por eso, Golombek propone: "Tratemos de mantener más o menos los horarios de despertarse y acostarse, más o menos las rutinas sin ser demasiado exigentes".

Con un futuro mediato donde la cuarentena, con más o menos restricciones, seguirá formando parte de nuestro día a día, es un mandamiento necesario revisar las conductas que nos empujan a un mal descanso. El home office, las tareas escolares, la búsqueda de un hueco para un tiempo de ocio y las "nuevas obligaciones" de aseo e higiene que demanda la batalla contra el Covid-19, ponen difícil el objetivo. Pero para que todo el resto siga funcionando, la fórmula es simple y directa: para estar bien despiertos, primero debimos estar bien dormidos.